miércoles, 15 de agosto de 2012

Meridiano de sangre- La prosa cortada a hachazos de Cormac McCarthy- El salvajismo hecho poesía





     Meridiano de sangre es una novela escrita por el autor estadounidense Cormac McCarthy. Publicada en 1985 por Random House, Meridiano de sangre fue la quinta novela de McCarthy.
La novela narra la historia de un joven fugitivo (el único nombre que se le da es «el chaval») que se une a la banda de Glanton, un grupo histórico de mercenarios que fue contratado por el gobernador de Chihuahua para masacrar indígenas en la frontera entre Estados Unidos y México entre 1849 y 1850. El rol del
antagonista es asumido por el Juez Holden, un hombre albino de gran estatura que se dedica a fomentar la violencia.
 Resumen del argumentoLa novela narra la historia del «chaval», un joven fugitivo nacido en Tennessee durante las Leónidas de 1833. El «chaval» conoce al Juez Holden por primera vez en un evento religioso en Nacogdoches (Texas), en donde el Juez acusa al pastor, el Reverendo Green, de haber tenido sexo con una niña de once años y con una cabra e incita a la muchedumbre para que lo mate. En realidad, la acusación Juez era falsa y los que lo escuchan sólo se ríen.
Viajando solo con su mula a través de las llanuras del este de Texas, el «chaval» llega a «Bexar» (San Antonio en la actualidad). Después de un encuentro violento con un cantinero, el niño se une a un grupo de filibusteros del Ejército de los Estados Unidos bajo las órdenes del Capitán White que se dirigen a México. Sin embargo, poco después de cruzar la frontera, son atacados por un grupo de guerreros comanches y pocos sobreviven. El «chaval» es uno de estos, pero es arrestado en Chihuahua por ser un filibustero. Gracias a su compañero de celda, Toadvine, quien les dice a las autoridades que ambos son expertos cazando indios, logra salir de la prisión y se une al grupo de John Joel Glanton.
La mayoría de la novela se enfoca en las actividades y conversaciones de la banda. El grupo encuentra a circo itinerante y una adivina les lee su suerte con el tarot. La banda fue contratada por los líderes regionales para proteger a los ciudadanos de los indios apache y reciben una recompensa por cada cuero cabelludo que consigan. Sin embargo, con el paso del tiempo, la banda empieza a asesinar a indios inocentes, a pueblerinos mexicanos e incluso a soldados mexicanos.

 El Juez Holden, quien también es miembro del grupo de Glanton, se presenta como una figura misteriosa e imponente y los otros miembros de la banda ni siquiera lo consideran humano. El Juez no tiene problemas asesinado niños e incluso se sugiere que es pedófilo, pero ninguno de sus compañeros se inmuta por sus actos. Ben Tobin, un «ex-pastor» que hace amistad con el «chaval», dice que, mientras huían de un grupo de apaches, encontraron al Juez sentado en un peñasco en medio del desierto, en donde parecía que los estaba esperando. Él los guía a un volcán extinto en donde les enseña cómo fabricar pólvora para combatir los apaches. El «chaval» le cuenta a Tobin que había visto al Juez en Nacogdoches, pero Tobin le dice que todos los hombres de la banda dicen haberse encontrado con el Juez anteriormente.

Después de merodear por varios meses, el grupo regresa a los Estados Unidos, en donde toman control de un ferry en el río Gila en Yuma (Arizona) y roban a las personas que quieren cruzar el río. Debido al estilo brutal de la banda, el ejército estadounidense y los indios quechan establecen un ferry en otro vado del río. Poco después, los quechan atacan y matan a la mayoría de la banda, incluyendo a Glanton. El «chaval», Toadvine y Tobin logran escapar al desierto, a pesar de que el «chaval» es herido con una flecha en la pierna. El «chaval» y Tobin se dirigen al oeste y se encuentran con Holden quien trata de quitarles sus armas y posesiones. El Juez le dispara a Tobin en el cuello, por lo que deben esconderse entre huesos de animales en un arroyo. El Juez no logra encontrarlos por lo que abandona el lugar y los dos son rescatados por una tribu de indios kumiai.
Ambos viajan a San Diego (California), en donde el «chaval» se separa de Tobin y termina en la cárcel. Holden lo visita y le dice que le dijo a las autoridades la «verdad»: que el «chaval» era responsable por la muerte de la banda de Glanton. El «chaval» le dice que él era el causante de la maldad de la banda, pero el Juez lo niega y trata de tocarlo a través de las barras de la prisión, pero el «chaval» se aleja, a pesar de que dice que no tiene miedo. Holden se marcha diciendo que tiene cosas por hacer. El «chaval» es liberado y busca a un médico para que trate su herida. Mientras se recupera de los efectos de la anestesia, tiene una alucinación en la que el Juez lo visita junto a un hombre extraño que fabrica monedas. Posteriormente, trata de buscar a Tobin, pero no lo encuentra, por lo que se dirige a Los Ángeles, en donde presencia la ejecución de Toadvine y David Brown, otro miembro de la banda de Glanton.



El «chaval» vaga por el oeste estadounidense por varias décadas y en 1878 llega a Fort Griffin (Texas). El autor pasa a llamarlo el «hombre». En un saloon del pueblo se encuentra con el Juez, quien no ha envejecido para nada y lo llama una decepción ya que en su corazón siente «clemencia por los paganos». Holden dice que el «hombre» llegó al saloon para «el baile»: el baile de violencia, guerra y derramamiento de sangre. El «hombre» niega estas ideas y le dice que el Juez no es nada y que incluso un oso entrenado puede bailar.



El «hombre» consigue una prostituta y después va a una letrina bajo otra lluvia de meteoros. Allí encuentra al Juez desnudo, quien lo «lo estrechó contra sus inmensas y terribles carnes». Esta es la última mención que se hace del «hombre». Posteriormente, dos hombres salen del saloon y se encuentra a un hombre orinando fuera de la letrina, quien les recomienda no entrar. Ellos lo ignoran, abren la puerta y ven con espanto lo que hay adentro. La novela termina con el Juez de vuelta en el saloon bailando con los borrachos y las prostitutas diciendo que él nunca morirá.

 

martes, 14 de agosto de 2012

                                              La última llamada

     Celia trajinaba afanosamente, como una abeja laboriosa en sus asuntos de esa tarde. Se puso pronto a trabajar después de comer. El dossier de la campaña de la promotora de viviendas, le tenía absorta, la noche anterior no había apenas dormido tratando de buscar un enfoque certero y preciso para este trabajo. Comparaba cifras y datos. Y pergeñaba en el ordenador, un primer borrador que presentar al cliente con un enfoque que le pareciera convincente a éste, para proseguir luego hasta vertebrar una promoción publicitaria que enganchara a nivel nacional. Quería que esta vez el encargo saliera perfecto, y fuera el pie de apoyo para que la agencia se afianzara, y bueno, como decía Pablo, no es que anteriores trabajos con menos éxito no sirvieran al curriculum, no, flaca...como diría Pablo, todo vale en la vida, y es que lo bueno es que el fracaso no se nos ha subido a la cabeza, repetía Pablo riendo, con esa sonoridad de vida insoslayable, y ella terminaba dándole siempre la razón y concluyendo, con un, amor, lo mejor está siempre por llegar, y no es así, siempre nos quedan las esquinas soleadas de las calles, donde tomar un rayo de luz, o esas plazas, que miran directamente al sudoeste, y que nos conducen exactamente al recuerdo y a las coordenadas que nuestro corazón nos está pidiendo, para poder seguir expandiendo la sangre, desde el cansancio y la resignación, hasta el trabajo bien hecho, y la cama arrugada, después de amarnos, y mezclar nuestros sangres, y traspasar la frontera material y osea de nuestros cuerpos, en esa batalla incruenta del sexo elevado a la enésima potencia, al grito, al gémido casi desgarradado en la tarde sudorosa de las sábanas. Y un abrazo prolongado, despúes del sueño que viene después del amor. Y luego, formalidad, y una ducha, y un recomponer la figura y volver al trabajo, cariño, que las facturas hay que pagarlas..

Celia se tomó el quinto o sexto café del día, y apuntó sobre el cenicero el cadaver del último cigarrillo del segundo paquete del día. Este último había caido en un duro combate con su dubitativa certidumbre de querer dejar de fumar; para hacerle caso a Pablo, que una vez y otra le reñía, por su indeclinable debilidad para arrojarse sobre el paquete de Camel, al menor atisbo de duda, de miedo, o de esa sensación, que a veces le subía desde el estómago y se le alojaba en el pecho, y que no le dejaba respirar, y a veces quería gritar y gritar, pero no podía. Y bueno fumar era la menos mala de las opciones posibles en ese instante. Y el cigarrillo, yacía doblado sobre sí, con un rictus de dolor, como herido, por la última bala de la guerra, y con ese rostro de sorpresa, del soldado que es el ultimo caido de una contienda absurda.

Sonó el teléfono: apenas le reconoció. Sonaba su voz como desde un espacio opresivo, claustrofóbico, apenas inteligilible. Escuchaba, y apenas oía a Pablo, porque sin duda era la voz de Pablo, hasta ahí podía llegar la broma, no reconocer la voz de su marido, pero estaba tan desvirtuada que ella tenía que insistir en que Pablo le transmitiera un mensaje más diafáno, no tan confuso y entrecortado. " Pablo, Pablo. Dime... dime... apenas te entiendo. Tus palabras parecen que están fragmentadas, me llegan entrecortadas, rotas, como si hubiera un gran viento o una tormenta que se las llevara, y sólo me dejara escucharte fugazmente, parcialmente, sin acabar de entenderte.. ". " Celia... Celia..., mi amor, recuerdame; " decía Pablo desde una distancia inabarcable. Y Celia seguía al otro lado del teléfono intentando poner un poco de coherencia en lo que podríamos llamar una conversación interruptus, surrealista, un descabalado intento de mantener un, parecía imposibe diálogo con Pablo. " Celia, celia...; insistía la voz al otro lado del hilo telefónico de un modo casi desesperado" ; " Celia, hubo tanto amor... hubo tantos bellos momentos..". " Pero claro cariño, que hay amor; contestaba Celia; pero a qué viene ahora hablar de ello y de los bellos momentos, ¡ Pablo, Pablo, donde estás. Dime y voy a buscarte!. Silencio y unas últimas palabras de esa voz que era la de Pablo, que parecía la de Pablo , pero que al mismo tiempo parecían la de un extraño. " Celia, si me buscas alguna vez, búscame en el silencio, dentro de tí...de tu corazón...". Y Clic definitivo, y silencio absoluto. ¡ Pablo, Pablo, Pablo, estás ahí, dime algo, dime algo....!

Luego el vacío, y el espeso y la muda carencia del sonido, y la opresiva sensación de Celia, de haber traspasado un límite indefinible, una frontera física y mental, más allá del espacio del tiempo. Y esa pesadez en la cabeza, y esa confusión en las percepciones, y un sabor como a óxido en la lengua, como de haberse mordido el labio sin darse cuenta, y brotar una gota de sangre, y haberla bebido, con un secreto deleite, casi sin darse cuenta su propia sangre y haberla saboreado y sentido su pastosa dulzura.

El teléfono sonó de nuevo, con una violencia aterradora. Y Celia se abalanzó sobre el aparato esperando escuchar de nuevo la voz de Pablo, para que le aclarara un poco su difuso y extraño mensaje anterior. Pero no era Pablo. Era Ricardo, Su socio y mejor amigo. Y tampoco podía apenas oirle. Estaba llorando desconsoladamente. " Ha sido, tan ràpido- balbuceaba Ricardo- , el auto que perdió los frenos, que se subió a la acera, que se llevó por delante, las mesas, las sillas, de la terraza de la cafetería. Hacía bueno y Pablo y yo decidimos tomar el cafe en la terraza- y Ricardo llloraba desconsoladamente, con un dolor que traspasaba la garganta; y bueno-prosiguió Ricardo: yo me pude salvar de milagro, pero Pablo no tuvo tanta suerte,y quedó tendido en la acera, y Celia, estaba muerto, Pablo ha muerto. En cinco minutos, charlabamos del próximo campeonato de futboll y apenas en un suspiro, todo había terminado. Esta puta vida no tiene sentido. Lo siento Celia, no puedo seguir..." Y clic de nuevo. Y el eco de los últimos y entrecortados balbuceos de Ricardo.

Celia, se dejó caer en la otomana que tenían en el estudio. Y una infinita concatenación de pensamientos imposibles de digerir le comenzó a martillear la cabeza y el corazón. ¿ Pablo había muerto. Había muerto ?. ¿ Pero entonces, quien la había llamado, haciendóse pasar por Pablo?. ¿ O era acaso verdad lo que había oido y realmente era el propio Pablo esa voz que se agarraba a los últimos hilos de su vida, y que le pedía que no lo olvidara...?. Una pátina de sudor frío. le comenzó a descender lentamente desde el cuello, hasta los hombros. Celia caminaba, por lo que se podría llamar , el país de la niebla, ese espacio, entre los físico y lo inmaterial, entre lo que existe y lo que ya no está en este mundo corpóreo. Y recordó con un escalofrío esa escasas palabras, acaso póstumas de Pablo, pero con su propia voz, la misma voz de Pablo que le hablaba al amarla y que ella no olvidaría nunca: " hubo tanto hermosos momentos...búscame en el silencio de tu corazón....". Y Celia se recostó entre los cojines, y se fue perdiendo en la inconciencia a la vez que la luz de la tarde menguaba, y comenzaban a encenderse los primeros neones de la ciudad, y el sol, como si fuera un proscrito, se marchaba al destierro de la oscuridad absoluta de la noche. Y la vida y la muerte, fueran las dos caras de la misma moneda. Y lanzada al aire esperaramos con la respiración contenida, cual era el resultado de la apuesta. Y esa voz de Pablo, como detenida en el tiempo; como una fotografía congelada en una mobiola existencial. Y las lágrimas de Celia, encerrando la certeza, de que hay cosas en el universo que la percepción humana no comprende, pero que el corazón si capta. Y la infinita y doloroza certeza, que Pablo, se había quedado un poco más en este lado de la vida, para despedirse de ella, Para hablarle y llamarla por última vez y decirle mi amor. Y después nada. Después el silencio. Sus mejillas mojadas.Y las manos caidas, como si fueran las raices de árboles que quisieran arraigar en la tierra, profundas, muy profundas. Porque los árboles, son los únicos seres de este mundo, que ocurra lo que ocurra, siempre tienen mantienen con vida la esperanza...

(Juan Manuel Miranda)

martes, 23 de agosto de 2011

Wim Wenders, no apartes de mí este cáliz

Wim Wenders, no apartes de mí este cáliz, el licor de la vida herida de tus imágenes icónicas (cometo la redundancia intencionadamente). Los ojos hipnóticamente perdidos en la inmensa llanura del oeste americano, buscando el destino imposible, el sueño inalcanzable, la parcela donde padre y madre hicieron el amor por primera vez.
Sí, buscando París-Texas, las pupilas siguiendo una línea férrea que no lleva a ningún destino, salvo quizás al cielo, al amor, o la muerte. Las cabinas de conversaciones anónimas, para aliviar el pájaro doliente de la soledad, posado en los corazones.
Una historia de amor rememorada, poco a poco, desgranada en palabras exactas, como gotas de lluvia bajo un cielo soleado, hasta verter las lágrimas de la mujer al otro lado del cristal....¿Travis eres tú Travis...? ¿Dónde está Hunter...?. La reunión de madre e hijo, y el adiós del hombre, entre la poesía eléctrica de la velocidad de una autopista, a la salida de Dallas... Los ángeles custodios, bondadosos, compasivamente dolientes, desde su altura, de la desdicha del hombre y la mujer corrientes. Tan a pié de tierra, que les late el alma, apenas a unos centímetros de su propio miedo. Angeles que se enamoran, arcángeles que se humanizan, demiurgos del sol negro y las nubes que peinan las ciudades como almas en pena, Trasladadas de un país a otro, de un paisaje a otra tierra; es indiferente. La vida, el hombre, se obstina siempre en ser el mismo: compasivo, y violento, amante y enemigo, buscadores sin tregua del cielo y del infierno, almas negras o rojas, fuego frío o hielo ardiente. Humanos son pues tus ángeles Wim Wenders como la carne viva de los hombres vivientes.


Relámpago sobre el agua. Nicholas Ray, terminando sus días. Llegas al loft del Soho donde te aguarda esperando al barquero de la laguna Estigia. Nicholas parece un espectro de aquel que dirigiera " Los amantes de la noche ". Que hermosa letanía de silencios dolientes, la de rememorar junto a él sus películas, como testamento postrero, de un hombre sin cadenas. "Hombres errantes", te emocionó al verla, junto al Nicholas Ray, del que ya estaba enamorada la esposa más paciente, la que nunca abandona la sombra del que vive. Robert Mitchum cansado, molidos sus huesos de tantos rodeos, se baja pesadamente de un camión, renqueante llega a una casa abandonada, apenas una cabaña maltratada por el tiempo. Se tira al suelo, repta como una serpiente, mete la mano bajo sus maderas podridas, saca una caja. Dentro poca cosa, una vida, ya tan lejana para este hombre maduro y ya tan cansado de llevar el peso de su propio esqueleto. Poco tesoro hallado, una infancia perdida....; el revolver de un niño, varios comics ajados, un reloj parado en la hora exacta de la nada. Una escopeta de postas de dos cañones, insta a Mitchum a levantarse. Un anciano temeroso le grita: ¡ Qué hace usted en mi propiedad !. La mirada de Mitchum cansada, los párpados hinchados. Los huesos machacados. Sólo sabe esbozar balbuceante una frase: " Esta, sabe usted, era mi casa cuando yo era un niño..."
Nicholas, cenizas al aire, entre cielos azules. La fuerza convertida en polvo enamorado. Un relámpago sobre el agua. La maravillosa o abyecta, la inevitable poesía de la muerte....

(Juan Manuel Miranda)

Diario del viajero de la noche 24 de agosto 2157

El Fuego. El fuego. Al princio fue el fuego, y el fuego nos extinguirá a todos.Llevo caminando, siete años,
dos meses y quince días.Hoy, creo que es 25 de febrero del año 2057, si no me falla mi ya obsoleto calendario electrónico.Salí de una ciudad con un sol que alimentaba el cuerpo y el alma.Marché de la tierra donde nací y fui niño, para buscar a Ilaia, al norte, al norte; pero su detector de coordenadas me engaña,debe de sufrir algúna clase de distorsión,de alteración magnética que me hace caminar en círculos herráticos, sin destino definido, y mi alma se siente confundida, mis huesos ateridos y mis músculos cansados.En ocasiones creo que no podré caminar ya más.Pero nace un nuevo día, y con él crecen mis esperanzas de estar cerca de Ilaia.
Hace seis meses que no cesa la lluvia. Anoche abandoné Thurso y navegué a las islas Orcadas. Circumbalé la rocosa osamenta de la isla, hasta llegar a su puerto, Kirwal, donde nadie me esperaba. Esta noche, miré al cielo.Era añil y negro. Y contemplé un cometa fugaz en la constelación de Virgo, y Aldebarán brilló entre las turbias y penumbrosas nubes.
Ilaia, me envió hace ya años un escueto mensaje: " búscame donde creas que nunca me encontrarías. Te amo viajero de la noche...". Al principio, me acompañó mi perro, Azul. Hasta que murió. Lo cubrí con ramas y hojas de acebo y hojarazca.Y vi brillar sus ojos justo antes de cubrirlo, eternamente. Fijamente dirigidos hacia el cielo.
Las coordenadas de Ilaia, me dirijen a Islandia. Si yo fuera Dios, la traería hasta mis brazos, bebería de la
miel de sus labios,de sus pechos y me calentaría de este invierno eterno con su piel caliente...A veces recuerdo una frase, que me decía mi madre, al dormirme de niño:" hijo mío.Si alguna vez, cuando seas un hombre, no tienes nada, ten los sueños de un niño...".
No sé si encontraré a Ilaia antes que el cansancio acabe con mis ya precarias y debilitadas fuerzas.Pero ella es mi norte, y mi sur, mi este y mi oeste. Sólo la certeza imprecisa que Ilaia aún vive y me aguardan sus labios, me alimenta el camino y hace que mi corazón, siga latiendo....(continuará)

(autor: El viajero de la noche-juan manuel miranda)

Confía siempre en la bondad de los desconocidos, pero no te olvides nunca de cortar la baraja...

Confía siempre en la bondad de los demás, de los desconocidos, pero no te olvides nunca de cortar la baraja...Ese fue el consejo que me dio una noche un buen jugador de poker, después de jugarse las ganancias de toda una velada nocturna de seis horas de juego, a una doble pareja de damas y cuatros, que esperaban ver llegar como un naúfrago un barco otro naipe bendito, para arribar al Shangrilá del full house, que nos serena el alma y nos envenena el corazón, como si hicieramos el amor..
Soy un jugador frío. No me va embarcarme en encarnizadas batallas con dobles parejas, o refriegas con tríos bajos sobre la mesa. Prefiero, como decía una escritora, de cuyo nombre no puedo ni quiero acordarme; ser como el corazón: un cazador solitario... Prefiero hablar el último, ser mano, explorar el territorio de las debilidades humanas en los otros jugadores. La ambición, la cobardía, la temeridad, la lujuria, sí, sí, es posible observar la lujuria en un judador mientras contempla como le van llegando las cartas ante sus ojos. Me gusta poner trampas. Que me cojan un farol o dos. Para de ese modo sorprenderles en la justa medida de sus desmedidas ambiciones.
Me gusta pasar varias veces.No voy. No las veo. Aún pudiendo ligar una buena mano. Me tendrán por inseguro, por temeroso,por cobarde. Sólo conocerán la dimensión exacta de su error, en el momento que me descarte y yo elija y cuando yo lo elija. Cuando los naipes se sucedan, descendiendo de mis dedos, en la justa proporción del instante requerido.En ese preciso momento comprenderán la verdadera la dimensión de su error.
Sólo se muere una vez. Le debemos cien muertes a Dios. Si se la pagamos hoy no se la deberemos mañana; Escribió William Shakespeare en su Enrique IV. Tréboles, corazones, diamantes...la matemática exacta de la vida. El tiempo que nos va devorando como un tigre.La meta es el olvido, pero yo he llegado antes... Van dos ases en la primera mano, entorno los ojos, miro al horizonte que se apaga con una luz menguante, púrpura...y naranja.


Suben tres contrincantes en la partida de poker de la vida. Yo aparto mis dos ases.Lo demás es como una bala en el cañón del revolver. Salir al viento frío de la noche con el alma invencible, o escuchar el crujir del percutor....y no ver nacer jamás ya un nuevo día...Eso está bien para los espíritus melodramáticos, a los que les gusta salir de escena tras un golpe de efecto. Pero a las almas más meditativas y fatalistas como la mía, nos basta con esperar a que el destino reparta nuevas cartas. Si hoy salieron adversas y dolorosas, mañana pueden ser benignas y gozosas. Y si nunca más vuelven a salirme buenas cartas, significará, entonces sí, que ha llegado el momento de salir del juego. Y cuando el viento frío del invierno, abra de golpe la ventanas, apague las velas y acalle los violines, saldré de la fiesta y del juego de la vida. Caminaré sólo y en la sombras y escucharé al hombre justificado y libre, que nace en mi silencio..
(Juanma Miranda)

sábado, 20 de agosto de 2011

Ezra Pound: Pétalos entre la multitud, rostros sobre ramas secas....



El escritor demostró desde el principio que su audacia literaria no tenía límites. Y su alma, entre el egocentrismo legendario y la generosidad sin límites, tuvo siempre dos vertientes: una le llevaba a la santidad; otra, a cometer cualquier bajeza.
La mezcla de un santo laico y de un poeta loco da como resultado un profeta. Hubo uno que se llamó Ezra Pound. Nació por casualidad el 30 de octubre de 1885 en el poblado perdido de Hailey, en Idaho, profundo Oeste de Norteamérica, donde su padre fue a inspeccionar una mina de oro de su propiedad, pero a los seis meses lo devolvieron a Nueva York y allí paseó la adolescencia como un perro urbano sin collar ni gloria alguna.

Se licenció en lenguas románicas por la Universidad de Pensilvania. Fue maestro de escuela, recusado muy pronto por raro. Tuvo una primera novia, Mary Moore, que un día le preguntó por su casa. Ezra contestó que su casa era solo su mochila y cargó con ella. Cuando su madre, Isabel Weston, abandonada por el marido, se recluyó en un asilo, el poeta, con 20 años, cogió los bártulos y se fue a Inglaterra en busca de los escritores y otros colegas que admiraba, Joyce, D. H. Lawrence, Eliot, Yeats, y compartió con ellos la admiración con la emulación, alimentado solo con patatas. Desde el principio demostró que su audacia literaria carecía de límites. Yeats le entregó unos poemas para que los mandara a la revista Poetry de Chicago y el joven discípulo se permitió corregirle algunos versos de propia mano antes de ponerlos en el correo. Después del ataque de cólera, Yeats admitió que las correcciones habían mejorado el original y añadió: "Ezra tiene una naturaleza áspera y testaruda, y siempre está hiriendo los sentimientos de las personas, pero creo que es un genio".


Parece que este zumbado vino al mundo, como los fieros catequistas, con el único propósito de hacer cambiar de opinión o de convencer de algo inútil a cuantos le rodeaban, siempre y en cualquier lugar, un empeño que estuvo a punto de llevarle ante el pelotón de fusilamiento. Fue uno de esos tipos que luchan denodadamente a lo largo de la vida para alcanzar el propio fracaso y no cesan de combatir hasta conseguirlo. Ezra Pound inició su aventura literaria en Londres, la siguió en el París de entreguerras, luego en Rapallo, después en el manicomio penitenciario de St. Isabel en Washington, donde estuvo condenado 12 años por traición a la patria, y finalmente entregó su alma atormentada en Venecia el 1 de noviembre de 1972.
La primera regla era hacerse notar, bien por la suprema actitud de desvivirse siempre por sus colegas, bien por cometer cualquier excentricidad que le hiciera visible en todo momento, entre aristócratas y bohemios. Durante un banquete en Londres en homenaje a D. H. Lawrence, sintió que Yeats estaba acaparando toda la atención. Para contrarrestar esta pequeña gloria, a la hora de los postres Ezra Pound se comió un tulipán rojo del ramo que adornaba la mesa y viendo que no era suficiente con uno se comió otro más y no cesó de comer flores hasta reclamar todas las miradas. Total para nada, pero al final en aquel banquete levantó una buena pieza, la que sería su mujer, Dorothy, hija de la aristócrata Olivia Shakespear, amante de Yeats.
Se consideraba un hombre reducido a fragmentos e imaginaba el universo como un poema roto. Para recomponerlo lo reducía todo a poesía, su propia vida, las noticias de los periódicos, los datos de la economía, los episodios de la Biblia, las cotizaciones de Wall Street, los partes meteorológicos, la filosofía de Lao Tse, el carro de la basura, la gloria de los griegos y todos los desechos de la historia. Metabolizaba textos ajenos, aspiraba el detritus que el ganado humano iba dejando a su paso y convertía cada mínimo excremento en una punta de diamante, como si recogiera todo el material que había quedado fuera de la Divina Comedia para someterlo a ritmo interno y forma libre.


Pero en medio de esta elevada vorágine del espíritu tuvo una bajada. Un día se hartó de ser pobre y volvió a Nueva York tentado por el dinero crudo. A medias con un socio tostado como él emprendió un negocio de medicamentos antisifilíticos para vendérselos a los ricachones de África. La ruina le llevó de nuevo a la poesía y esta al París del Barrio Latino, años veinte, y allí formó parte de la 'Generación Perdida' en torno a la gallina clueca de Gertrude Stein y de la celeste librera Sylvia Beach, junto con Dos Passos, Scott Fitzgerald y la recua de pintores de Montparnasse. Aunque Hemingway había dicho que Ezra tenía ojos de violador fracasado, luego en 1925 escribió: "Pound, el gran poeta, dedica una quinta parte de su tiempo a su poesía y emplea el resto en tratar de mejorar la suerte de sus amigos. Los defiende cuando son atacados, hace que las revistas publiquen obras suyas y los saca de la cárcel. Les presta dinero. Vende sus cuadros. Les organiza conciertos. Escribe artículos sobre ellos. Les presenta a mujeres ricas. Hace que los editores acepten sus libros. Los acompaña toda la noche cuando aseguran que se están muriendo y firma como testigo sus testamentos. Les adelanta los gastos del hospital y los disuade de suicidarse. Y al final algunos de ellos se contienen para no acuchillarse a la primera oportunidad". De hecho Pound reunió el dinero que permitió a Joyce terminar el Ulises, aunque luego no pudiera soportar la fama que estaba acaparando el libro. Antes ya le había ayudado a publicar Retrato del artista adolescente por capítulos en la revista americana The Egoist.
Entre su egocentrismo legendario y la generosidad sin límites, el alma de Ezra Pound tuvo siempre dos vertientes: una le llevaba a la santidad; otra, a cometer cualquier bajeza. De la misma forma que no encontraba barrera alguna entre la prosa y el verso, tampoco distinguió el judaísmo de la usura y la estética fascista de la redención de la especie humana. Un día le dio por la economía y la política y la emprendió con ellas como un filósofo individualista, esteta desesperado, socialista aristocrático y anticapitalista. Había asistido a la marcha de Mussolini sobre Roma. Comenzó a clamar contra los que se lucraban con el trabajo ajeno, y su propia exaltación poética le llevó a atacar la plusvalía y los préstamos usureros que practicaban los judíos. De pronto, en 1939 se encontró ante un micrófono en Italia transmitiendo por Radio Roma alegatos fascistas contra su propio país, primero bajo su firma, luego con soflamas anónimas. Cuando el Ejército norteamericano invadió Italia, el poeta fue apresado y primero lo exhibieron públicamente en una jaula como a un mono durante varias semanas en Pisa. Después lo llevaron a Washington para ser juzgado como traidor a la patria. Los amigos le echaron una mano. Se prestaron a testificar que ya era un demente en Londres y en París. El juez asumió estos testimonios en su veredicto y lo salvó de morir fusilado a cambio de pasar 12 años encerrado en un manicomio. Y al final de esta condena un juez llamado Bolitha J. Laws, en 1958, lo volvió a declarar loco, pero inofensivo, y lo dejó en libertad, con la barba ya florida de ceniza. Y entonces Pound anunció: "Cualquier hombre que soporte vivir en Estados Unidos está loco" y se fue a Italia. Murió en Venecia a los 87 años en brazos de su hija. Poco antes se paseaba por el jardín entonando sus excelsos cantares rotos e inconexos como si aún estuviera exhibido en público como un mono en la jaula. En realidad solo fue un incendiario que trató de quemar el mundo con sus versos.
(Manuel Vicent-Babelia.EL PAIS)

Poemas De Ezra Pound



Cantar XLV

Con usura

Con usura no tiene el hombre casa de buena piedra
Con bien cortados bloques y dispuestos
de modo que el diseño lo cobije,
con usura no hay paraíso pintado para el hombre en los muros de su iglesia
harpes et lutz (arpas y laúdes)
o lugar donde la virgen reciba el mensaje
y su halo se proyecte por la grieta,
con usura
no se ve el hombre Gonzaga,
ni a su gente ni a sus concubinas
no se pinta un cuadro para que perdure ni para tenerlo en casa
sino para venderlo y pronto
con usura,
pecado contra la naturaleza,
es tu pan para siempre harapiento,
seco como papel, sin trigo de montaña,
sin la fuerte harina.
Con usura se hincha la línea
con usura nada está en su sitio (no hay límites precisos)
y nadie encuentra un lugar para su casa.
El picapedrero es apartado de la piedra
el tejedor es apartado del telar
con usura
no llega lana al mercado
no vale nada la oveja con usura.
Usura es un parásito
mella la aguja en manos de la doncella
y paraliza el talento del que hila. Pietro Lombardo
no vino por usura
Duccio no vino por usura
ni Pier della Francesca; no por usura Zuan Bellini
ni se pintó "La Calunnia”
No vino por usura Angélico; no vino Ambrogio Praedis,
no hubo iglesia de piedra con la firma: Adamo me fecit.
No por usura St. Trophime
no por usura St. Hilaire.
Usura oxida el cincel
Oxida la obra y al artesano
Corroe el hilo en el telar
Nadie hubiese aprendido a poner oro en su diseño;
Y el azur tiene una llaga con usura;
se queda sin bordar la tela.
No encuentra el esmeralda un Memling
Usura mata al niño en el útero
No deja que el joven corteje
Ha llevado la sequedad hasta la cama, y yace
entre la joven novia y su marido
Contra naturam
Ellos trajeron putas a Eleusis
Sientan cadáveres a su banquete
por mandato de usura.

Tú saliste de la noche
Y había flores en tus manos,
Ahora saldrás de entre un barullo de gente,
De entre un tumulto de conversaciones sobre ti.

Yo que te había visto entre las cosas prístinas
Me encolericé cuando decían tu nombre
En sitios ordinarios.
Quisiera que las olas frescas cubrieran mi mente,
Y que el mundo se secara como una hoja seca,
O como semillas de diente-de-león fuese aventado,
Para que pueda encontrarte de nuevo,
Sola.

EZRA POUND (VERSIÓN DE ERNESTO CARDENAL)



La mujer del mercader del río: una carta

Cuando yo todavía llevaba el pelo cortado sobre la frente
jugaba en el portal delantero, recogiendo flores.
Tú viniste con zancos de madera jugando a los caballos,
caminaste junto a mi asiento, jugando con ciruelas azules
y seguimos viviendo en el pueblo de Chokan:
dos niños, sin aversión ni sospecha.

Con catorce años me casé con vos, mi señor.
Nunca me reía porque era tímida.
Bajaba la cabeza y miraba a la pared.
Aunque me llamaran mil veces, nunca volvía la cabeza.

Con quince años dejé de fruncir el ceño,
deseaba que mi polvo se mezclara con el tuyo
para siempre y para siempre y para siempre.
¿Para qué seguir vigilando?

Te fuiste cuando yo tenía dieciseis años,
te fuiste a la lejana Ku-to-yen, junto al río de los remolinos,
y has estado fuera cinco meses.
Los monos hacen un ruido muy triste por ahí arriba.
Cuando te fuiste arrastrabas los pies.
En el portal ahora ha crecido el musgo, musgos
distintos,
¡demasiado profundos para limpiarlos!
Los hojas caen pronto este otoño, por culpa del viento.
Las mariposas emparejadas ya amarillean en el agosto
sobre la hierba del jardín del oeste;
me duelen. Me hago vieja.
Si has de venir por los vados del río Kiang,
por favor, házmelo saber de antemano
y yo saldré a recibirte,
iré hasta Cho-fu-sa.
Por Rihaku

Versión de Javier Calvo



martes, 9 de agosto de 2011

Mishima, la espada y el crisantemo


Hijo de Azusa Hiraoka, secretario de Pesca del Ministerio de Agricultura. Pasó los primeros años de su infancia bajo la sombra de su abuela, Natsu, que se lo llevó y lo separó de su familia inmediata durante varios años. Natsu provenía de una familia vinculada a los samurái de la era Tokugawa, ella mantuvo aspiraciones aristocráticas -el nombre de juventud de Mishima, "kimitake", significa "príncipe guerrero"- aún después de casarse con el abuelo de Mishima, un burócrata que había hecho su fortuna en las fronteras coloniales. Tenía mal carácter y se exacerbó por su ciática. El joven Mishima acudía a masajearla para aliviar su dolor.
Ella tenía tendencia a la violencia, incluso con salidas mórbidas cercanas a la locura que serán posteriormente retratadas en algunos escritos de Mishima. Algunos biógrafos opinan que Natsu favoreció la fascinación de Mishima por la muerte. Ella leía francés y alemán, y tenía un exquisito gusto por el Kabuki. Natsu no permitía que Mishima jugase a la luz del sol, practicase algún deporte o que tuviera juegos rudos con otros chicos de su edad. Prefería que pasase su tiempo solo o jugando a las muñecas con sus primas, incluso se habla de unos escritos de primera juventud que su padre rompió ante la mirada del joven Mishima.

Exento del servicio militar por sufrir tuberculosis, no participó en la guerra, suceso que él mismo entendió como una humillación. Generacionalmente es considerado parte de la “segunda generación“ de escritores de posguerra, junto con Kōbō Abe.
Su ensayo más importante, Bunka boueiron (En defensa de la cultura), defendía la figura del Emperador, como la mayor señal de identidad de su pueblo. Más tarde formaría la Sociedad del Escudo (Tatenokai), con un fastuoso uniforme que él mismo diseñó y en el que pretendía reencarnar los valores nacionales de "su" Japón tradicional.


Literatura de posguerra

Mishima comenzó su primera novela, Tōzoku (Ladrones), en 1946 y la publicó en 1948, colocándose en la segunda generación de escritores de posguerra (una clasificación en la literatura japonesa moderna que agrupa a los escritores que aparecieron en la escena literaria de posguerra, entre 1948 y 1949). Le siguió Kamen no Kokuhaku (Confesiones de una máscara), una obra autobiográfica sobre un joven de homosexualidad latente que debe esconderse tras una máscara para encajar en la sociedad. La novela tuvo un enorme éxito y convirtió a Mishima en una celebridad a la edad de 24 años.
Mishima fue un escritor disciplinado y versátil.

No solo escribió novelas, novelas de series populares, relatos y ensayos literarios, también obras muy aclamadas para el teatro Kabuki y versiones modernas de dramas Nō tradicionales.
Su escritura le hizo adquirir fama internacional y un considerable seguimiento en Europa y América, y muchas de sus obras más famosas fueron traducidas al inglés.
Viajó ampliamente, siendo propuesto para el Premio Nobel de Literatura en tres ocasiones, y fue pretendido por muchas publicaciones extranjeras. Sin embargo, en 1968 su primer mentor Yasunari Kawabata ganó el premio y Mishima se dio cuenta de que las posibilidades de que fuera concedido a otro autor japonés en un futuro próximo eran escasas. Se cree también que Mishima quiso dejar el premio a Kawabata, de más edad, como muestra de respeto para el hombre que lo había presentado a los círculos literarios de Tokio en la década de los 40.Suicidio ritual
El 25 de noviembre de 1970, Mishima y cuatro miembros de la Tatenokai visitaron con un pretexto al comandante del Campamento Ichigaya, el cuartel general de Tokio del Comando Oriental de las Fuerzas de Autodefensa de Japón. Una vez dentro, procedieron a cercar con barricadas el despacho y ataron al comandante a su silla. Con un manifiesto preparado y pancartas que enumeraban sus peticiones, Mishima salió al balcón para dirigirse a los soldados reunidos abajo. Su discurso pretendía inspirarlos para que se alzaran, dieran un golpe de estado y devolvieran al Emperador a su legítimo lugar. Solo consiguió molestarlos y que le abuchearan y se mofaran de él. Como no fue capaz de hacerse oír, acabó con el discurso tras solo unos pocos minutos. Regresó a la oficina del comandante y cometió seppuku. La costumbre de la decapitación al final de este ritual le fue asignada a Masakatsu Morita, miembro de la Tatenokai. Pero Morita, del cual se rumoreaba que había sido amante de Mishima, no fue capaz de realizar su tarea de forma adecuada: después de varios intentos fallidos, le permitió a otro miembro de la Tatenokai, Hiroyasu Koga, acabar el trabajo. Morita entonces intentó el seppuku y fue también decapitado por Koga.
Otros elementos tradicionales del suicidio ritual fueron la composición de jisei, (un poema compuesto por uno mismo cuando se acerca la hora de su propia muerte), antes de su entrada en el cuartel general.[1]
Mishima preparó su suicidio meticulosamente durante al menos un año y nadie ajeno al cuidadosamente seleccionado grupo de miembros de la Tatenokai sospechaba lo que estaba planeando. Mishima debía haber sabido que su intento de golpe jamás podría haber tenido éxito y su biógrafo, traductor, y antiguo amigo John Nathan sugiere que fue solo un pretexto para el suicidio ritual con el cual Mishima tanto había soñado. Mishima se aseguró de que sus asuntos estuvieran en orden e incluso tuvo la previsión de dejar dinero para la defensa en el juicio de los otros 3 miembros de la Tatenokai que no murieron
Repercusión
El suicidio de Mishima ha estado rodeado de mucha especulación. En el momento de su muerte acababa de terminar el libro final de su tetralogía El mar de la fertilidad, compuesta por las novelas Nieve de primavera, Caballos desbocados, El templo del alba y La corrupción de un ángel (esta última editada póstumamente), que, en su conjunto, constituyen una especie de testamento ideológico del autor, que se rebelaba contra una sociedad para él sumida en la decadencia moral y espiritual. Fue reconocido como uno de los más importantes estilistas del lenguaje japonés de posguerra.
Mishima escribió 40 novelas, 18 obras de teatro, 20 libros de relatos, y al menos 20 libros de ensayos así como un libreto. Una gran porción de su obra se compone de libros escritos rápidamente solo por los beneficios monetarios, pero incluso no teniendo en cuenta estos, seguimos teniendo una parte sustancial de su obra.
Aunque su fin puede haber pretendido ser algún tipo de testamento espiritual, la naturaleza teatral de su suicidio, las poses cursis en las fotografías para las que posó y la ocasional naturaleza patética de su prosa seguramente han perjudicado a su legado. En las academias, tanto japonesa como anglo-americana, hoy, Mishima no tiene virtualmente voz, sobre todo porque sus opiniones de derechas no son políticamente correctas. Sin embargo, fuera de la academia las obras de Mishima siguen siendo populares tanto en Japón como en el resto del mundo.




Para cuando interese...



Empezad por despojar mi alma.

Dejadla seca y blanca.

Nadie pugnará en la lucha.

Tomadme ancho y claro.

Vaciadme desde dentro.

Caminad por mis ansias.

Saciaros poco a poco.

Yo siempre. Yo eterno.

Yo efímero. Yo yerto.

Nunca transitoria vanidad.

Sólo cielo. Sólo fuego.

(Juanma Miranda)

lunes, 1 de agosto de 2011

Norma Jean Baker que estás en los cielos



Recuerdo que Norma Jean Mortenson,bautizada luego como Norma Jean Baker,y rebautizada para la posteridad ad infinitum como Marilyn Monroe, soltaba a los caballos atados y vencidos, en un desierto de sal, de Nevada, con la ayuda de Montgomery Clift, todo lleno de cicatrices tras el accidente que le destrozó su apostura.Y que Clark Gable, tirando de riñones los volvía a lazear uno a uno, y luchaba contra ellos, y era Gable, no un doble, sino el propio Gable con dos de los mismos, el que sangraba y sudaba y echaba el bofe, y bueno así se explica, que el galán de las orejas grandes, el inolvidable Red Butler la palmara pocos meses después de la película maldita.
Y llegaba tambaleándose y se sentaba en estribo de la camioneta, después de liberar por voluntad propia a los potros que llevaban en sus ojos el viento de la libertad y de la bendita locura, y hablaba de que ese era el fín de una época,que era el fin de unos tiempos, de una manera de vivir, que antes esos hermosos caballos, servían para ser montados por jinetes audaces, o como mal menor para tirar de una carreta, e incluso uncidos a un yugo para hacer zurcos para la labranza, pero ahora, por Dios, ahora, los mataban para hacer conservas de carne para asquerosos perros,para malditos chuchos caseros, contagiados de todas las neurosis de sus dueños, eso hacían Dios con estos hermosos cimarrones salvajes,y eso era más de lo que él podía soportar.
Por eso hablaba del fín de una época, del fín de un estilo honesto y libre de vivir, algo que los comerciantes con su falsa amabilidad, con su hipócrita e interesada cortesía nunca podrían tener con su sucio trapicheo de billetes mugrientos y arrugados, comprando el corazón limpio y palpitante, de un caballo salvaje,para enlatarlo y hacer carne para el animal más estupido de la creación, el perro. El primero que fue domesticado por el hombre, y por eso, el que más se le parece, el que es menos animal, menos salvaje, menos libre, y el más vasallo, más servil de todos los animales.
Y Norma Jean Mortenson, es decir Norma Jean Baker, es decir Marilyn Monroe, tenía en su pecho el corazón de uno de esos potros salvajes, por eso la despedazaron e hicieron con su carne, conserva para perros, y cortesana de cama de presidentes, fiscales generales, actores de medio pelo, hampones de la mafia, y se olvidaba las bragas en la bañera privada del despacho oval de la Casa Blanca, después de hacerlo con John F. Kennedy, en la postura que más le gustaba al segundo hijo de patriarca de Boston,por su herida de guerra, el hijo del bucanero y contrabandista de la familia que hizo la fortuna con la Ley Seca, para llevar a un hijo suyo, fuera el que fuera, a la presidencia, y hacerlo un príncipe.
Y Johnn Kennedy lo hacía con Marilyn Monroe o con cualquiera de las otras muchas, en la posición que más le gustaba, el sentado y la chica encima a horcajadas, porque le dolía la espalda, desde su herida en la segunda guerra mundial,cuando mandaba una patrullera, y por eso se ponía morado de cortisona, lo que curiosamente le convirtió de un joven alfeñique, en un macizo hombre de mandíbulas cuadradas y de hombros robustos. Y bueno lo demás ya es conocido, el viaje a Dallas, el dilema del complot o la teoría del tirador solitario y de la bala loca,
capaz de cambiar seis veces de trayectoria, y su craneo en la morgue de Dallas, con medio cerebro hecho papilla.
Pero antes, meses antes, años antes, se lo hacía con Norman Jean Baker o sea con Marilyn en la Casa Blanca, a donde la llevaba Frank Sinatra o el cuñado del presidente, el actor de tercera división Peter Lawford en un coche, en la oscuridad de la noche, porque el presidente tenía ganas de echarle un polvo a la rubia tonta...Y por aquél entonces fue cuando Norma Jean Baker es decir Marilyn Monroe, el 9 de mayo de 1962 , en Nueva York, en la gala por el cumpleaños del entonces presidente John F. Kennedy,le cantó el "Happy Birthday Mr. President",con voz de gata en celo, o de estar tan colocada como para no poder levantar la voz más allá de un morboso susurreo...
Sin embargo Norma Jean en la soledad de su apartamento escribía poemas y poemas, poemas sobre la soledad, y sobre la muerte, y sobre como se puede utilizar y manipular a un ser humano. Y se sentía aterrada de ser un hermoso ave enclaustrada en una jaula de oro, y ser llevada a unos y otros como puta de lujo,y de ser un alazán salvaje de las montañas de Nevada, al que querían poner un lazo en el cuello, con una cuerda y atado con un dogal al neumático inmenso de una camioneta Chevrolet,que le llevaría rodando por las añiles y saladas arenas del desierto de Nevada hasta agotarla, y que se desplomara rendida,rota con su púpila inmensa, mirando fijamente las estrellas mientras los hombres de gris bajaban de la camioneta,para darle el tiro de gracia y hacer de ella, carne para perro en lata...

Y entonces es cuando quería morir, y cuando llamaba a Joe Dimaggio su primer esposo, quien más la quiso, y lloraba al telefóno, y el pitcher más elegante que tuvieron los Yankis de New York, es decir Dimaggio, la consolaba, en cambio ese cabrón de Athur Miller, siempre la trató como una rubia subnormal, y bueno la pobre Norma Jean se lo creyó,y por eso lloraba en la soledad de su apartamento,o andaba como un zombie en los set de rodajes, o daba camballadas con la sexta copa en la mano por las fiestas de la Corte de Camelot, de Johnn.F.Kennedy y donde Jaqueline Bouvier la miraba con desprecio.
Y Clark Gable, hecho pedazos, creedme, hecho pedazos,se subía sangrante y axficiado a al furgoneta y conducía con una mano y con la otra se la pasaba sobre los hombros a Marilyn y le decía : " eres la mujer más bella y más triste que he conocido nunca...". El 5 de agosto de 1962, a las 4:55 hrs,el jefe del departamento policial de Los Ángeles, Jack Clemmons,recibió una llamada del médico psiquiatra Dr. Greenson, psicoanalista de Monroe, quien le dijo que la actriz había muerto en su casa. El oficial Clemmons fue el primero en llegar al lugar. La primera autopsia reveló que falleció de una sobredosis de barbitúricos. El informe policial calificó el suceso como un "probable suicidio", pero por falta de pruebas los investigadores dejaron abierta la posibilidad de que hubiera sido asesinada. También otras teorías sugerían que John y Robert Kennedy tuvieron algo que ver con muerte de Monroe, incluso se dice que fue un crimen mafioso....
El 8 de agosto, Joe DiMaggio, su primer esposo, realizó el funeral en privado. Lee Strasberg, el creador del Actor´s Studio pronunció las siguientes palabras de despedida en el sepelio de Norman Jean Mortenson: «No puedo decirle adiós a Marilyn,nunca le gustaba decir adiós. Pero, adoptando su particular manera de cambiar las cosas para así
poder enfrentarse a la realidad, diré 'hasta la vista'. Porque todos visitaremos algún día el país hacia donde ella ha partido».
Y Norma Jean Mortenson, luego Norma Jean Baker, luego Marilyn Monroe, con sus sueños intactos,se fue para vivir en paraísos infinitos, y horizontes sin límites como los del desierto de Nevada, donde rodó por última vez, e interpretó con toda su alma, y todo su corazón a esa pobre divorciada, que movía el culo cuando jugaba con la paleta y la pelota en el bar de Reno.O cuando besaba a Gable en plena calle, y soñaba en tener una pequeña cabaña, para regar sus rosales... o cuando, en la oscuridad silenciosa de la noche, se dejaba caer sobre el hombro de Clark Gable y le preguntaba: ¿cómo sabremos como llegar a la ciudad?. Y Gable le enseñaba la constelación de Orión, con la Osa mayor brillante como un diamante sobre las montañas, y le decía " ella nos marcará el camino de regreso a casa..".
Y Marilyn se dormía en los robustos hombros de Gable, y por un momento, era feliz, por un momento estaba en paz, por un instante no necesitaba barbitúricos,ni somníferos, ni alcohol, ni escribir poemas sobre la soledad,la muerte, o sobre la traición del amor,ni llamar de madrugada, desde su insondable tristeza, a algún amigo sincero, que no quisiera sólo tirarsela y luego, si te he visto no me acuerdo y dejar a la rubia tonta tan sola como antes,sino a alguien que la quisiera de verdad,y derramar sobre sus mejillas, esas lágrimas de soledad.
Y así traspasó la frontera impalpable,el límite impreciso como un río y un mar que se funden, entre la vida y la muerte,y ya nunca más fue Marilyn, ni Norma Jean,sólo fue un soplo de brisa, una llama de fuego, un corazón por primera vez en calma, y tras esa paz de su corazón, cesaría su angustia,y su tristeza, y su soledad, y tras ese tornado que arrastraría todo rastro de iniquidad sólo se vería una luz infinita, y tras esa luz infinita,sólo quedaría Marilyn, y después que se marchara Marilyn ya no quedaría nada.Ya no quedaría nada...Sólo el silencio.
Sólo el silencio....

(Juanma miranda)

martes, 19 de julio de 2011

Lágrimas rojas


En la cultura china hay una hermosa leyenda sobre el corazón perdido en la inmensidad del abandono. Dicen que a un corazón que se rompe y se desgaja en mil pedazos por un amor no correspondido y sangra por ese dolor, hay que colocarle una piedra de jade sobre el pecho, en la situación exacta de dicho corazón. La piedra transmitirá a la víscera palpitante la dureza de su materia, y el corazón comunicará al jade su dolor en silencio. Y ese corazón, se calmará en su desconsuelo, y se pacificará en su sufrimiento, y se purificará en su dolor. Y al final dejará de sangrar.
Paula y Víctor se reunían una sola semana al año. Siempre la misma semana. Desde hacía veinte años en que se conocieron por los azares del destino, en un pequeño hotel familiar de playa en Altea. Después de intercambiar las imprecisas primeras frases, las primeras caricias, nacidas de la blancura de las sábanas, de las jornadas en la playa y en el mar de los dioses y los héroes mitológicos, de varias noches haciendo el amor durante inagotables horas, de una manera tierna y furiosa, decidieron que esa y no otra, por encima de cualquier obstáculo o cirncunstancia vital, sería su semana a lo largo de sus vidas.
Cada año, ambos deshacían planes, se liberaban de compromisos, eliminaban cualquier traba para que nada ni nadie le impidieran gozar de esas noches y días unidos, empapados de sudor, hundidos por la lóbrega oscuridad del deseo. Esos días eran la despensa de calor de ambos para soportar el gélido y cenizo cielo del invierno. Como alguien escribió, el invierno debe ser muy crudo, para quien no alberga cálidos recuerdos. Cuando Víctor la penetraba, Paula sentía que amaba cada año por primera vez, en esa semana, en una infinita concatenación de instantes eróticos, como jamás había sentido con nadie. La inercia de ambos era la inevitabilidad del signo de sus destinos entrelazados.
Paula llegó al hotelito de Altea con su Morris de techo arlequinado, Aparcó y buscó el coche de Víctor y no lo encontró. Al menos el que ella conocía. Desde que había dejado a su marido y a sus hijos, hacía varias horas, temprano, casi al amanecer, una lujuria rampante le impelía a correr más y más por la autopista de la costa. De prisa, de prisa. Le dictaba su corazón, urgente y ansiando ese encuentro. La familia que regentaba el hotel, siempre les tuvo por un matrimonio que les eran fieles y le gustaba reservarse esa semanita desde hacia veinte años para estar solos por unos días. No les pareció extraño que Paula se presentara sola, pensaron que su marido, Víctor estaría en la ciudad, atrapado tras una montaña de expedientes urgentes, y que llegaría en escasa horas.
Paula esperó en su habitación. Abrió la ventana del cuarto, contempló el mar de la felicidad, y la Cala de Calafate. Ellos nunca se comunicaban a lo largo del año. Nunca. Ni por teléfono, móvil, mails, ni de ninguna otra manera. Había un vínculo, una certeza infinita que le unía y les conducía esos días al punto de encuentro. Cada año, al dejar el hotel, de manera tácita reservaban la misma semana de agosto del año siguiente. Y cada uno sabia que era la cita era exacta y eterna, Ambos sabían que nada ni nadie, tan sólo la muerte pondría fin a este círculo concéntrico y sin fin de encuentros en el placer de la carne y el éxtasis de los instantes infinitos. Por ello Paula se azoró. Víctor nunca se demoraba más de una hora. Con una sincronía de relojes biológicos, ambos confluían como dos ríos, en el mismo mar, y en el se hundían para renacer. Pasaron las horas, llegó la tarde, y el mar con su sol de corazón sangrante de gotas naranjas, fucsias, rosas, ocres, parecían instalar en el alma de Paula una certeza en la que se negaba en creer. Pasó en aquella cama hecha con maderos de barcos y doseles blancos, la primera noche sola en veinte años. Y tras la primera noche llegó la segunda en soledad, y la tercera. Y a la oscuridad le sucedía tan sólo más oscuridad. Paula se aferraba a una última esperanza como un naufrago al maderamen de su navío hundido.
El último día de esa semana en soledad, Paula había agotado todo el dolor del mundo. Pagó la cuenta, y metió su bolsa en el maletero de su pequeño coche. Y tomó la carretera del sur. Y era ya tarde. El ocaso quedó a su espalda. El crepúsculo como un disco magnético y naranja estaba centrado en el cristal trasero de su coche. Paula pensó en sus estudios de filología, y recordó que la palabra occidente, el lugar donde se oculta el sol, procedía del vocablo latino occidĕre que significa: caer y también, morir. Paula sintió el final de algo, quizás el final de todo. Se unió a la fila de domingueros que volvían ala ciudad después de una jornada familiar de playa. Con los coches atestados de sillas, mesas, neveras y bañadores aún húmedos y las pieles todavía saladas. Y se sintió la persona más sola del mundo, como si la existencia, sí la vida, toda su vida se hubiera consumido en una cita más allá del tiempo y del espacio y ya no tuviera ninguna resurrección. Cómo si todo, absolutamente todo se hubiera borrado de la faz de la tierra definitivamente por una inmensa marea de lágrimas rojas.
(Juanma Miranda)

TE QUIERO MI AMOR



Esto va a ser lo último que sepas de mí porque rompí mi alma rompí mi corazón arañé las paredes aullando por ti por tu hermosura por sentir mi polla dentro de ti y sentirme el hombre mas bello de esta tierra por quererte como te quise por arreglarte la casa como te gusta puta desagradecida puta barata me has jodido bien la vida cuando yo me creía tan feliz pero tu ibas por ahí jodiendo con cualquiera con mis amigos con tu jefe en la oficina y todos me miraban con desprecio y yo siento como los gusanos ya crecen dentro de mis venas como la sangre se me vuelve negra dentro de mi corazón y quisiera matarte matarte y acabar de una vez con todo con la miseria de mi vida con la podredumbre que has traído a mi alma con las ganas de llorar que tengo pero no puedo no puedo llorar es como si el alma se me hubiera vuelto de piedra y ya no tuviera nada dentro solo mi odio hacia ti mujer y hacia la sangre de nuestra sangre y por eso te vas a arrepentir toda tu vida porque vas a estar sola y vas a saber que todos los que querías han muerto tus hijos y yo aunque a mi maldito el amor que me tienes y nada te consolará vagarás por las calles como una borracha serás una borracha una puta barata de carretera nada te consolará de la muerte de nuestros pequeños porque tú sabes que has sido la culpable tu sólo tu con tu coño ofreciéndose al mejor postor abandonando a tus hijos enfermos para joder en habitaciones de hotel abandonando a tu hombre para cambiar de polla cada noche ¿pero qué tienes entre las piernas que tanta carne necesita? ¿qué animal hambriento habita en tu coño que nunca se sacia? y es por eso que hoy va a ser el final para todos, que la casa se manchará de sangre que nuestros hijos no volverán a ver la luz del día que no irán mañana al colegio que todos te señalarán con el dedo como una maldita ramera y una asesina y que ya estoy hasta los cojones de ser la burla de todos y un hombre puede caer muy bajo pero no más bajo que la tumba y allí es donde vamos a ir todos, y nadie nos sacará ya de allí estaremos muertos y nos pudriremos y bastarán tres o cuatro o cinco depende si los niños se despiertan y se asustan tres o cuatro o cinco bam bam bam y algo me dice hazlo ya hazlo ya cabrón antes de arrepentirte porque este es el castigo de Dios para esa puta que eres y ya serás libre puta para joder sin excusas con quien se presente y que te den por detrás como a ti te gusta y todo ha acabado todo ha acabado maldita sea éramos tan felices cuando veíamos las películas de veraneo con los niños en tus brazos y tu estabas tan bella y yo me sentía tan feliz hasta que se cruzó la puta codiciosa de pollas y todo se jodió y ya está al carajo ya estoy harto de escribirte esta carta de despedida ya voy a matar a nuestro hijos y luego me mataré yo y tu cuando vuelvas a casa no oirás más que silencio y recorrerás el reguero de gotas de sangre por la moqueta de la casa hasta el cuarto de los niños y ya imagino puta tu grito ya imagino tu grito ya imagino tu grito….
(Juanma Miranda)

viernes, 15 de julio de 2011

Apenas una historia...

Santiago Gredos observó sin disimulo la pálida intimidad de los rincones, las parejas que le rodeaban. Al compás de un blues de Jimmy Dogherty, sombras diseminadas en el bar de copas, se besaban, en una simulación de no saberse solos, en un excorcismo del desencanto; cuerpos y espíritus, se quemaban al sol del son de un blues destilado con exquisita malicia.
El pub Cabourg olía pesadamente a decadencia, a tiempos que fueron mejores. Rancio abolengo de lo que fuera un escondite e inexcrutable laberinto, de consignadas citas para amantes adúlteros y anónimos de alto standing, durante el franquismo.Gran Vía adelante,en una bocacalle de Red de San Luis, parpadeaba el bigote afeminado de un Proust de luces de neón. En la puerta, como un natural exótismo parisino, para el autor del boulevar de Saint-Germain, un asiático de pelo grasoso, hacía las veces de nocturno aduanero de acceso a la cueva del placer. Portero de la noche invernal de un Madrid desolado, dando paso con un amable gesto que hacía ver en su cintura una navaja con puño de nacar y plata, al paraíso de placeres ocultos y cuartos oscuros,de anónimo sexo, la densa y pastosa humareda del Cabourg.
El porqué Santiago Gredos se encontraba aquella noche en el invernal Madrid que mata, recalando sus escasos huesos, apenas los imprencidibles para completar un esqueleto, era dificil de discernir. Apenas había pasado el control de aduanas del aeropuerto, con el pasaporte lastrado por un arsenal de sellos y tampones, checoslovacos, austríacos,alemanes, thailandeses,marroquíes, y de medio mundo, Gredos tuvo que pararse entre la vorágine del ir y venir de viajeros que apresuradamente transitaban la anónima terminal del aeropuerto, y recapacitar su posición topográfica en el giro planetario. Y decidir si se volvía, hacia el norte,hacia Islandia o regresar a su sur de nacimiento. Hacia ese definitivo sur, y dejarse dormir, o morir, que más da, apenas la diferencia es el tiempo que dure la cabezada; dejándose llevar por un delirio de alcohol en un bar de alterne. O recalar en ese punto inexcusable, en el que siempre reposaba, exhausto: su buhardilla del Madrid de los Austrias.
En dos semanas de trapicheo y alterne en bares de mala muerte, había conseguido el encargo de un editor alemán, para traducir al castellano y lenguas adyacentes, el pastiche histórico melodramático " El apóstol "de Fiedor Koszayen. Autor muy conocido en su casa, sobre todo a las horas de comer. Gredos acababa de regresar del festival de cine de Carlo Bivary. Sus aceradas críticas a todo lo que oliera a cine yanqui, le habían valido entre la cuadrilla de críticos colegas el apodo del escorpión. El aducía denigrar el cine norteamericano y alentaba sin rubor, la osadía y compromiso ideológico, intelectual y social del cine europeo. En privado, sin embargo se relamía con las viejas pelícuas de Capra o Lubitch, y si le hubieran retorcido los pezones con unos alicates, hubiera confesado una lista de directores y actores norteamericanos que adoraba de los que Jerry Lewis, podría ser el aporte de mayor compromiso político.

Gredos se decidió a caminar, tras deambular por las calles del Viejo Madrid, Hortaleza, Fuencarral, hasta desembocar frente a Atocha. Su salida deslumbrado por la iluminación de la Glorieta de Atocha, el Ministerio de Agricultura, el centro Reina Sofía y la propia estación, le dejó en un estado cercano a una experiencia alucinógena, a lo que los tres canutos de maría que llevaba en el cuerpo ayudaban notablemente. Gredos cargando su bolsa de viaje enfiló Recoletos con la intención de perderse entre los tugurios de jazz de la calle Huerta. De como sobrevivió a su tedio y su cansacio y pudo llegar frente a la puerta del Cabourg,no hay mayores misterios. Tan sólo se metió los dedos en la boca, emitió un pitido largo y agudo que resonó sobre el asfalto de un silencioso Madrid de media noche, como una bala contra una pared de metal chapado. Acto seguigo se dejó caer como un fardo sobre el asiento posterior de un taxi, con la seguridad que aquella sería una de las veladas más aburridas de su vida. Al cabo la muerte y el sueño son hijos alimentados a los pechos de la misma madre: el desencanto y el aburrimiento. Salvo que tras la muerte no debes volver a levantarte para lavarte los dientes y prepararte un café bien cargado.Gredos sonrió socarronamente y pensó para si mismo, " Que jodida y cómoda es la muerte..."

Y Castellana adelante, apoyado hasta la rendición en el respaldo del asiento posterior del taxi, Santiago Gredos contempló en el cielo de la noche de Madrid, colores de óxido rojos y púrpuras, eléctricos rayos catódicos como un caleidoscopio suburbano , y en su cielo sin alma, hacia el oeste, entre gotas de mercurio, despuntaban las luces, de unas acaso, ya yertas estrellas....

     (Juanma Miranda)

Diez años y un soplo de viento



Seguía pareciendose a ella. Ella a sí misma. No a ese pálido reflejo que se nos queda atrapado en la memoria. Estaba parada en una esquina que hacía bisagra y chaflán con La Campana. Yo la miré un buen rato en la distancia. Cómo quien contempla su propio pasado. Cómo quien observa atónito en materia viviente, lo que fuera antaño, la nebulosa pátina del país de la niebla.Diez años hacía que no la veía. Por azares del destino, me la encontré, en un perfil semiolvidado de una página de Internet. Quedamos a tomar café. La última vez que la ví, diez años atrás, se despidió de mi con un beso en la mejilla. Se giró, y con su cabello negrísimo, color ala de cuervo, una blusa negra y una falda color café, se perdió de mi vista, en la vorágine de un día de comercio en la calle Tetuán.

A veces la vida, es como un libro, semiolvidado, no el libro Borgiano de arena, ni el de la flor seca entre dos poemas, fruto sin duda de un día inolvidable y ya olvidado. Es como arribar a un territorio conocido, tras años de derrota por océanos ignotos. Como volver a sentir entre tus labios, el sabor agridulce de la fruta robada de la huerta vecina, cuando las golondrinas anidaban sobre mi ventana, y un mechón negro. como crin de potrillo, me bailaba en la frente asuzado por el viento blanco de la levantera.

Hay errores que no se terminan de pagar en la vida. Y éste, éste era un error, que yo quería saldar antes de dar el salto a ese horizonte invisible de la ausencia eterna. Para cerrar una puerta que no lleve a la amnesia con alevosía, ni al rencor, ni al ladrido nocturno del recuerdo. Somos polvo antes de ser viento. Seamos fuego antes de ser las cenizas del olvido....

(Juanma Miranda)

domingo, 12 de junio de 2011

Diario del viajero de la noche: la noche en llamas


Caminaba y caminaba por aquella vía de tren que no llevaba a ninguna parte. El agua se me había acabado hace una semana, y saciaba mi sed con pequeños arroyos, que gota a gota descendían desde algún acuífero montañoso y descendían hasta la llanura como un hilo de milagrosa salvación para un caminante, como yo, sediento. Anoche al dormirme, hecho un ovillo con mi cazadora a modo de manta, y la mochila por almohada, el cielo, estaba ardiendo. Sí, sí , rojo, como las llamas del infierno, o como un fuego inexpugnable e invencible, que llegara de más allá de esta vida nuestra. Como si fuera el
ángel apocalíptico anunciador de la llegada inminente de una vida nueva. En la inmensidad
De esta llanura de tierra color azufre, la otra inmensidad, la del cielo, la del cosmos, ardiendo como antorcha purificadora, me sobrecogió, y al mismo tiempo que me hacía sentir absolutamente pequeño, su belleza me hacía presagiar que ese tiempo nuevo que debía nacer, sería más limpio, y más humano, y más puro.
Una mariposa reina, se posó en mis piernas, sobre mis pantalones vaqueros, quizás atraída por el pequeño fuego que hice para calentarme. Me quedé extasiado contemplado los pigmentos de sus alas. Púrpura, dorado, verde. Paseaba por mi pierna, arriba y abajo, al compás de las ascuas de la hoguera. Y contemplándola me dormí, soñando con un mundo sin límites, y con una vida prestada por la muerte, para convertirse en monumento a nuestra propia libertad, inalcanzable pero ansiada.
Por la mañana caminaré junto a la carretera comarcal, para ver si algún granjero me acerca unos kilómetros a un punto más lejano. Siempre, siempre, más lejos. Algún pueblo donde pueda comer algún guiso de patatas que me caliente el cuerpo. Y quizás haya alguna partida de poker en la trastienda. Y cuando mire por la ventana, contemplaré el mundo que ya ha pasado, la vida que ha transcurrido, el tiempo que no regresará, el viento que no soplará de nuevo. Y recordaré la noche en que dormí rodeado de un fuego de llamas, y de estrellas, pudiendo oir el mecanismo secreto de la tierra, y de mariposas con colores eléctricos. Todas aquellas cosas que no volverán jamás, porque la vida es una red tejida de renunciaciones.
La televisión del local daba un programa del corazón, y la gente en él gritaba y se insultaba. Y la camarera, una chica morena y delgada pero con un trasero estupendo, me trajo la comida con un mohín de complicidad. Se volvió y yo me quedé viendo sus nalgas subir y bajar mientras caminaba. Pagué y salí a la calle bajo un cielo entoldado y gris como agua sucia.
Y la carretera de la costa se abría a un mar brumoso. Y sobre el mar como por un encantamiento, sobre el horizonte, se veían dos soles naranjas, crepusculares y paralelos. Como si fuera un universo dual. Y sobre los dos soles, unas montañas nevadas. Y alguien dijo que el sol no es libre, porque es el sol. Y el mar no es libre porque es el mar. Y el hombre nunca será libre, porque nació hombre y morirá como hombre.
Y el rayo partirá la madera del tronco con su golpe de látigo seco y eléctrico, y sobre la ceja izquierda, me marcará a fuego como miembro de la estirpe de Caín, y el destino me condenará a vagar eternamente por el mundo
buscándote, buscándote...

(Juanma Miranda)

viernes, 27 de mayo de 2011

La herida que nos mata



Las gotas tililan con el viento frío de la noche. Algunas se han helado. La Primera nevada ha llegado. Y me ha pillado sin
fuego en el hogar. Debí de haber cortado leña. Debí de haber cortado leña hacia el final del verano. Pero uno nunca se espera el otoño
adelantado. Una noche, te levantas a cerrar la ventana, y correr las cortinas que vuelan azotadas por un aire helado y te dices
para tí mismo: sí ya ha llegado el otoño....Y un viento helado te recorre todo el cuerpo y te hace estremecerte.
El reloj se paró exactamente a las doce y diez de la noche, del día 23 de septiembre de 2005. Me despetó un espacio vacío
que no encajaba en la simetría conocida de nuestros cuerpos. Como si parte del espacio se hubiera vaciado por una huida repentina.
Cómo si faltara algo o alguien y no percibieras el origen concreto de esta desnudez.Su lado de la cama estaba revuelto, pero vacío. El armario
abierto, Su ropa, había desaparecido. Sólo quedaba tirado en el suelo una de sus braguitas. Una turquesa, Y al mirar por la ventana,
sólo contemplé una avenida vacía de luces eléctricas, verdosas y púrpuras. Y el último autobús, respirar como una ballena
varada, y agónica en una playa a la que hubiera llegado agotada de luchar contra el mar y contra el tiempo.
Ella había dicho, días antes : " Es tan cansado luchar contra el hastío.... Estoy realmente tan cansada..."
Yo permanecí en silencio. Las palabras vacías son el vocabulario de la desolación. Así que era mejor permanecer callado.
Y ella, la chica, paseaba nerviosamente por la sala de estar, se quejaba de cosas inconexas, a veces lloraba, o se
sentaba en una butaca con el rostro entre las manos, y murmuraba: " todo es una mierda....todo acaba por desmoronarse, todo, todo, siempre...".
Ella decía que su vida era un asco, que su trabajo era un asco, que ese hombre que la miraba, no era aquél del que se había
enamorado. Que el sexo era rutinario. Que la comida se tragaba rutinariamente, que antes se reían juntos, y ahora se pasaban
horas y horas, el uno junto al otro sin dirijirse maldita palabra. Decía que tenía que hacer algo, lo que fuera, meterse a puta,
cojer ese puesto de trabajo que le ofrecieron aunque significara cruzar el país, ! maldita sea, maldita sea¡, volvió a gritar; lo
que sea con tal de salir de esta jaula tan pequeña que me aprisiona como a un gato muy grande.
Y era esa hora de la noche, en que más solo se está. Y cruzó un relámpago el cielo, y crujió un trueno, y comenzó a caer sobre
el asfalto, sobre las farolas enhiestas como vigilantes nocturnos, sobre el horizonte, una pesada capa de lluvia gris que sonaba
a borbotones al golpear contra el asfalto.
Y ella dijo: un día me iré. Sí un día me iré, te lo juro. Y no me volverás a ver el pelo en toda tu puñetera vida. Porque quiero,
volver a empezar una nueva vida, Tener algunas ilusiones. Volver a dormirme cada noche sin llorar de rabia, clavándome
las uñas. Y tú te puedes ir al carajo. En el fondo estarías mejor sin mí. Los dos estariamos mejor el uno sin el otro: sin este
marasmo que nos ahoga, y del que nos da miedo salir, porque ahí fuera, la cosa está aún peor. Pero mierda, ahí fuera, al
menos hay otras cosas, nuevas cosas, y hay que arriergarse. Y es mejor morirse rapidamente, que languidecer año
tras año, no sabiendo que te estás pudiendo por dentro, hasta que ya es tarde. Y escaparse es ya inútil...
Y el hombre murmuró intentado cojer sus manos entre las suyas: sí bueno, pero las cosas pueden mejorar. Puede que
todo vuelva a ser como el principio. Ultimamente he estado un poco loco, lo sé. He perdido demasiados trabajos. He bebido
demasiado. Hemos follado demasiado poco y sin ganas. He estado un poco perdido. Ya sabes. Esas cosas que pasan.
Y la chica quiso ir a la cocina. Y el hombre se interpuso, y le susurró al oido a ella muy quedamente junto a su largo cabello:
" Esta vida no es mala, esta vida nuestra no es tan mala, al fin y al cabo..., no es como morirse, leche".
Y la chica con la mirada pedida musitó para sí misma
" Sí, es posible, que esta vida no sea tan mala. No sea tan mala, como la muerte.... Es aún peor...esta vida es tan buena o tan
mala como la nada.... Como no sentir nada. Como si te cortaras y no saliera ni sangre".
Y se puso un café. Y se encendió un cigarrillo con el fuego de la cocina.Y se quedó mirando a los azulejos de la cocina. Como si mirase más lejos,
mucho más lejos. Hacia un lugar y un tiempo, en el que ella y sólo ella, pudiera estar en el secreto de la vida...

(Juanma Miranda)

Un día malo lo tiene cualquiera



Ella estaba follando con el tipo. Cuando abrí la puerta chirriante de la caravana, lo estaban haciendo ahí mismo. Delante
de mis narices. Desde la entrada entre abierta,con la chapa de metal de la puerta despegada se oía ulular el viento de la llanura. Pero ellos estaban a lo que estaban. Y no
escucharon nada. Ni a mí abrir la puerta con la caja de doce cervezas, ni los resoplidos furiosos del tornado que se acercaba.
Sólo escuchaban su propio tornado. En sus cuerpos. Entre sus piernas.
Y bueno que se supone que debía de hacer yo. Dos tiros, pum, pum, y asunto arreglado. La caravana hecha una mierda de
sangre. Ocultar los cuerpos, más allá de la colina , donde comenzaba el desierto, o dejar que todo transcurriera como si tal
cosa. Es verdad, es verdad, no era la primera vez que mi mujer se tiraba, a un camionero. En realidad ya he perdido la cuenta.
A veces hay contabilidades que es mejor no seguir. Lo mejor, sería volver a cerrar la puerta, dejar que terminaran y cuando
el trailer del camionero enfilara autopista delante, llegar, sonriente, como si nada, y decirle, ¡ Ey cariño, tenemos cerveza
fresca para todo el fin de semana. El viejo usurero de supermercado tenía un stock tirado de precio. Menuda barbacoa vamos
a hacernos con esto y los conejos que maté ayer con mi hurón y mi escopeta de caza!.
Sí, eso hubiera sido sin duda lo más civilizado. Y lo más inteligente. Nadie se hubiera visto metido en problemas.
Pero hay veces que el vaso está al límite de rebozar, que basta una diminuta gota para caer en la locura. Y eso nunca se
sabe cuando llegará. A veces ni llega. Se soporta todo. Y toda la vida es un inmenso desierto de autoconmiseración.
Pero esta vez fue el día en que esa última e impredecible gota del destino descendió lentamente, como si tuviera todo
el tiempo del mundo, sobre la copa en su límite.
Así que tomé mi escopeta de caza de dos cañones, mi canana de cartuchos, y entré de nuevo en la caravana. Y disparé y cargué,
y disparé y cargué, y disparé y cargué, en un paroxismo rayano a la locura, reía a carcajadas mientras volaban trozos
de piel, de dientes, de cabellos, de carne. Explosiones de roja sangre, estallaban por toda la caravana. De prontó se hizo
el silencio. Bajos mis pies descansaban más de treinta cartuchos. Y un olor a quemado impregnaba toda la caravana.
El dormitorio. La cocina. La puerta del water, el saloncito, las cortinas de flores. Todo estaba empapado de una brillante
sangre carmesí. Yo mismo estaba empapado entero de la sangre de ellos.
Abrí la puerta de la caravana, me puse la escopeta sobre los hombros. Me encendí un cigarillo con mi encendedor Zippo.
Y me senté en una sillita de playa con un estampado de  rayas de colores alegres. Había dos. Ella y yo las utilizabamos para comer fuera los días que hacía bueno.
Y yo estaba empapado de sangre. Sentía su pegajoso tacto por todo el cuerpo. Saqué el paquete de tabaco. Me puse un pitillo
entre los labios. El sol calentaba pero no quemaba. Dios, se estaba realmente bien, bajo este sol.
Se estaba de puta madre recibiendo este calor, mientras me distraía haciendo volutas con el humo blanquecino del cigarrillo que fumaba.

(Juanma Miranda)

martes, 15 de marzo de 2011

Niebla y amor entre las manos...



Bajo este tibio sol de invierno como una naranja, gajo a gajo, la pelo con mis dedos, y su piel desciende suavemente
como la lencería de una mujer,cae suavemente hasta sus pies, y luego de un puñetera vez, se abre el cielo, al menos durante varios horas, entre sus piernas. Y este sol que alumbra
pero no quema, este sol famélico, te alimenta como una comida de caridad,sopa caliente, con fideos, algo de patatas, y nada de carne, las proteinas están reservadas para las clases activas.Y este sol, te hace preguntarte, ¿para qué sirve la vida? te hace cuestionarte, si la vida, toda ella, está sobrevalorada; en consecuencia todo,absolutamente todo: el amor, el dinero, el sexo,
una piscina en invierno,un piso con vistas al
puto edén, una buena salud,follar como cosacos,
ser feliz, dormir bien, tener un ritmo intestinal satisfactorio, estar bronceado en invierno,
tener compañia, o estar más solo que una rata, etc, etc, todo pues, estaría sobrevalorado.
Shakespeare, Cervantes, la Divina Comedia, la Capilla Sixtina,La pasión según San Mateo de Bach,
el " tiemblan las estrellas " de Tosca", los regates de Messi, los senos turgentesde esa chica que pasa,
todo esto sería prescindible.
Meditemos, en este juego de la vida, en este teatro de títeres en el que empleamos el tiempo
esperando ver la cara de ese Sagrado Corazón, con pilas que
hace que se le encienda la corona,
y le palpita el corazón, y le sangre la herida del costado.
Hoy toca discoteca, y olor a sexo entre tus manos
mañana tocarán las nubes negras del olvido...

lunes, 18 de octubre de 2010

Una mujer deambulaba como una sucia pantera...






















Había una mujer, la conocí en una reunión casual, que me explicaba su situación.
Merodeaba, nerviosa y confusa, daba vueltas alrededor de la jaula que ella misma
se había construido, como una pantera de un zoológico de no demasiada categoría,
un zoológico de suburbios donde los obreros de la fábrica de automóviles que daba de comer a todo el pueblo, llevaban a sus hijos los fines de semana, y le echaban fruta a los osos,y gesticulaban junto a los monos, y en un lugar apartado, como aburrida de la vida, estaba esta pantera, sucia,
con trozos de carne podrida, y una inmensa tristeza en su lomo como de terciopelo azabache,
y una mirada que decía " ¡ pegadme un tiro de una puta vez!. No veis que mi vida es una ruina,
que estoy aburrida de estos círculos concéntricos, eternos, de los que nunca puedo salir,
en los que estoy eterna e irremediablemente atada, sin una salida...
¿No me veis, con mis enorme pupilas amarillas, de la desidia con mi pelo sucio, y mis garras
rotas de romperlas contra un sueño roto?. ¿Es que acaso estais ciegos. No me veis?.
Pegadme un tiro con esos rifles que guardais a miles, para defenderos del miedo
que os atenaza. Para libraros de una puta vez. alguna vez de una vida tan asquerosa como la mía,
o para ir a un supermercado un sábado por la mañana y cepillaros a una docena de
vuestros conciudadanos, y llenar de sangre la apasible mañana de un sábado
con los árboles acaso en flor, y las familias felices de compras, sin imaginar
que ese era el último día que por enésima vez iban a mirar la gama de electrodomesticos,
por que tú anoche, en silencio en tu cocina,mirando al vacío, mirando a la abominable
negrura de la noche, sentado con tu Remintgon, y un Nuevo Testamento abierto por donde Jesucristo decía:
"Yo no he venido a traer la paz, sino la espada..." y una botella de Whisky,
habías decidido que a la mañana siguiente llegaría el final de los tiempos para una docena
o acaso más de tus convecinos, los que te saludaban amablemente
en la calle principal, y en la iglesia el domingo por la mañama.
Pues con ese mismo rifle mata a esta pantera herida, mata a esta
mujer, ya sin sueños, mátame porque mi vida se fue al carajo, toda mi vida junto a él, para
que luego se buscara una amiguita, y me saliera con el sonsonete de: "necesito tiempo, para estar solo,
necesito mi espacio para reconsiderar lo nuestro y ver si tenemos futuro..."
¡ Veta al carajo!, Le debías haber dicho, lo único que quiere es la excusa santificada,
la tranquila cobardía, de no tener lo que hay que tener para mirarte a los ojos
y decirte: " ya no te quiero, aunque antes te quise, te quise mucho, pero
ya sabes, todos debemos tomar nuestro camino, y sólo nos haríamos
aún más daño...demasiado daño...más daño aún...del que ya nos hemos hecho..."
Y el hombre seguía hablando con la voz queda, y la mirada baja :" Si sólo fuera el amor, si sólo fuera eso,
pero una chica de veintitrés años me da tanto placer que me hace sentir menos viejo,
y bueno, lo nuestro duró media vida, pero hasta aquí llegó. Espero que lo comprendas, Que te resignes
a la victimización de tu vida cotidiana, que estes jodida, pero no me molestes demasiado,
que no me eches cosas en cara, en resumen que me hagas mi corbardía y mi falta de los mismos,
un poco soportable, sentirme menos mezquino por no tener agallas para mirarte
a la cara y ser descarnadamente cobarde y decirte: lo nuestro, todo, esta vida juntos se ha ido a la mierda,
porque se han cruzado por medio un par de tetas jóvenes, como dos obuses
duras y firmes, y que quieres amor, las tuyas ya están caidas, y estoy un poco cansado de darme
vueltas en la cama y ver siempre tu culo ya fofo, y ahora me tocó en la lotería
de la vida un culo prieto y eso querida es dificil de dejarlo pasar por delante sin echarle mano..."
Y luego bajar la mirada, como la de un delator, o un desertor, o un ser tan abyecto
como sólo uno mismo puede saber que lo es.Y un ser con miedo,
miedo a la vejez, miedo a la decadencia abdoluta. Miedo a la muerte anónima...
Y esa es la cuestión, resumida en una cáscara de nuez del epílogo de la historia de amor
de esta mujer y de este hombre sin nombres. Y eso es todo, eso es todo....
eso es absolutamente todo..Y el tío bajaba su juego de maletas
de piel, y metió sus trajes, y sus camisas, y su trebejos de afeitar, y se le escapó entre
dientes un " bueno ya vendré por el resto, un día que tú no estés, para hacer las cosas más fáciles,
y no hacer escenas delante del niño..." Y salió a la calle, y la soledad de la casa
para esa mujer que se quedaba sola, se hizo insondable, se hizo infinita, y en la playa, varios chicos y chicas jugaban al dominó en la arena poniendo uno la cabeza en los pies del otro,
ellos quizás dentro de veinte años,protagonizarían una escena parecida
a la de esta mujer y de este hombre; pero bueno para ellos aún queda esperanza..y en la playa también había chicos con traje de neopreno, que como miembros de una secta acuático satánica iban mar
adentro buscando la ola perfecta, la ola definitiva, la ola mística, el surf
elevado a la categoría de unión con un Dios, de barba y furgoneta,y rastas en el pelo, y un buen canuto
de maría y sicotrópicos y anfetas, para ver el mundo en el caleidospio de los colores primigenios, los colores de día exacto de la creación. Y eso es un subidón macho. Esa experiencia alucinógena es una pasada y te abre las puertas de la percepcíón, aunque es muy probables que si no controlas, también te abra
las puertas del siquiátrico o del cementerio. Pero sí, en este momento Dios, es un viaje del copón. Dios...
Los colores del Indefinible instante de la Creación...paseando por tu retina, explosionando
en tus iris, viendo una mujer con sus formas hermosas, exhuberantes, sin contaminar
surgiendo sobre el fondo de la batalla cósmica,Y todo absolutamente todo, creándose, sobre lava de vólcanes al rojo vivo...Con sus maravillosas explosiones de gases,
neón, argón, nitrógeno, explosiones nucleares para crear la vida, para la génesis del mundo, en la mano
del Dios, ese mismo Dios, que creó el dolor de esa mujer abandonada, y de esos muchachos amantes
del mar que se traga las vidas de los elegidos, de los que mueren jóvenes y viven deprisa
para tener un cadaver hermoso.
Y la mujer se subió a una silla, y tomó, del altillo del armario una bolsa de deportes,
y sacó de la bolsa un instrumento guardado y metálico, envuelto en una tela de gamuza. Sacó primero la culata, luego el percutor, más tarde el gatillo y el cargador, y el cañón, y una caja de cartuchos
color verde, y entró en el cuarto de baño, donde aún quedaba un frasco de loción after shave
del hombre que se acababa de ir. Y se metió en el baño, y se lavó parsimoniosamente su cuerpo maduro,
pero aún excitante, con un gel lechoso. Frotó su senos, su sexo en busca de sensaciones
antiguas, y una gota de agua caliente caía como moribunda del grifo sobre su pie.
Y habría que haber estado muy pegado a la puerta del cuarto de baño para oir su cansada,
su rendida respiración. Y después la detonación. El ruido que hizo levantar el vuelo de las palomas del alfeizar de la ventana del edificio. Y el rumor de la sangre queriendo sudvertir a borbotones
la geometricidad de los azulejos del cuarto de baño. Brotar a ríos de espuma roja, de mareas rojas,traspasar
los límites de la bañera, hasta caer las gotas sin peso, sobre la mano que colgaba de la bañera completamente yerta, con un hilo de sangre corriendo antebrazo abajo, hasta la mano y desde el dedo, así, gota a gotasin prisas, como una eternidad latente, silente, gota a gota, gota a gota,
hasta crear una laguna carmesí sobre el blanco suelo....


(Juanma Miranda)