Lo bellamente sublime y lo poeticamente turbador dentro del mundo de la literatura...
martes, 19 de julio de 2011
Lágrimas rojas
En la cultura china hay una hermosa leyenda sobre el corazón perdido en la inmensidad del abandono. Dicen que a un corazón que se rompe y se desgaja en mil pedazos por un amor no correspondido y sangra por ese dolor, hay que colocarle una piedra de jade sobre el pecho, en la situación exacta de dicho corazón. La piedra transmitirá a la víscera palpitante la dureza de su materia, y el corazón comunicará al jade su dolor en silencio. Y ese corazón, se calmará en su desconsuelo, y se pacificará en su sufrimiento, y se purificará en su dolor. Y al final dejará de sangrar.
Paula y Víctor se reunían una sola semana al año. Siempre la misma semana. Desde hacía veinte años en que se conocieron por los azares del destino, en un pequeño hotel familiar de playa en Altea. Después de intercambiar las imprecisas primeras frases, las primeras caricias, nacidas de la blancura de las sábanas, de las jornadas en la playa y en el mar de los dioses y los héroes mitológicos, de varias noches haciendo el amor durante inagotables horas, de una manera tierna y furiosa, decidieron que esa y no otra, por encima de cualquier obstáculo o cirncunstancia vital, sería su semana a lo largo de sus vidas.
Cada año, ambos deshacían planes, se liberaban de compromisos, eliminaban cualquier traba para que nada ni nadie le impidieran gozar de esas noches y días unidos, empapados de sudor, hundidos por la lóbrega oscuridad del deseo. Esos días eran la despensa de calor de ambos para soportar el gélido y cenizo cielo del invierno. Como alguien escribió, el invierno debe ser muy crudo, para quien no alberga cálidos recuerdos. Cuando Víctor la penetraba, Paula sentía que amaba cada año por primera vez, en esa semana, en una infinita concatenación de instantes eróticos, como jamás había sentido con nadie. La inercia de ambos era la inevitabilidad del signo de sus destinos entrelazados.
Paula llegó al hotelito de Altea con su Morris de techo arlequinado, Aparcó y buscó el coche de Víctor y no lo encontró. Al menos el que ella conocía. Desde que había dejado a su marido y a sus hijos, hacía varias horas, temprano, casi al amanecer, una lujuria rampante le impelía a correr más y más por la autopista de la costa. De prisa, de prisa. Le dictaba su corazón, urgente y ansiando ese encuentro. La familia que regentaba el hotel, siempre les tuvo por un matrimonio que les eran fieles y le gustaba reservarse esa semanita desde hacia veinte años para estar solos por unos días. No les pareció extraño que Paula se presentara sola, pensaron que su marido, Víctor estaría en la ciudad, atrapado tras una montaña de expedientes urgentes, y que llegaría en escasa horas.
Paula esperó en su habitación. Abrió la ventana del cuarto, contempló el mar de la felicidad, y la Cala de Calafate. Ellos nunca se comunicaban a lo largo del año. Nunca. Ni por teléfono, móvil, mails, ni de ninguna otra manera. Había un vínculo, una certeza infinita que le unía y les conducía esos días al punto de encuentro. Cada año, al dejar el hotel, de manera tácita reservaban la misma semana de agosto del año siguiente. Y cada uno sabia que era la cita era exacta y eterna, Ambos sabían que nada ni nadie, tan sólo la muerte pondría fin a este círculo concéntrico y sin fin de encuentros en el placer de la carne y el éxtasis de los instantes infinitos. Por ello Paula se azoró. Víctor nunca se demoraba más de una hora. Con una sincronía de relojes biológicos, ambos confluían como dos ríos, en el mismo mar, y en el se hundían para renacer. Pasaron las horas, llegó la tarde, y el mar con su sol de corazón sangrante de gotas naranjas, fucsias, rosas, ocres, parecían instalar en el alma de Paula una certeza en la que se negaba en creer. Pasó en aquella cama hecha con maderos de barcos y doseles blancos, la primera noche sola en veinte años. Y tras la primera noche llegó la segunda en soledad, y la tercera. Y a la oscuridad le sucedía tan sólo más oscuridad. Paula se aferraba a una última esperanza como un naufrago al maderamen de su navío hundido.
El último día de esa semana en soledad, Paula había agotado todo el dolor del mundo. Pagó la cuenta, y metió su bolsa en el maletero de su pequeño coche. Y tomó la carretera del sur. Y era ya tarde. El ocaso quedó a su espalda. El crepúsculo como un disco magnético y naranja estaba centrado en el cristal trasero de su coche. Paula pensó en sus estudios de filología, y recordó que la palabra occidente, el lugar donde se oculta el sol, procedía del vocablo latino occidĕre que significa: caer y también, morir. Paula sintió el final de algo, quizás el final de todo. Se unió a la fila de domingueros que volvían ala ciudad después de una jornada familiar de playa. Con los coches atestados de sillas, mesas, neveras y bañadores aún húmedos y las pieles todavía saladas. Y se sintió la persona más sola del mundo, como si la existencia, sí la vida, toda su vida se hubiera consumido en una cita más allá del tiempo y del espacio y ya no tuviera ninguna resurrección. Cómo si todo, absolutamente todo se hubiera borrado de la faz de la tierra definitivamente por una inmensa marea de lágrimas rojas.
(Juanma Miranda)
TE QUIERO MI AMOR
Esto va a ser lo último que sepas de mí porque rompí mi alma rompí mi corazón arañé las paredes aullando por ti por tu hermosura por sentir mi polla dentro de ti y sentirme el hombre mas bello de esta tierra por quererte como te quise por arreglarte la casa como te gusta puta desagradecida puta barata me has jodido bien la vida cuando yo me creía tan feliz pero tu ibas por ahí jodiendo con cualquiera con mis amigos con tu jefe en la oficina y todos me miraban con desprecio y yo siento como los gusanos ya crecen dentro de mis venas como la sangre se me vuelve negra dentro de mi corazón y quisiera matarte matarte y acabar de una vez con todo con la miseria de mi vida con la podredumbre que has traído a mi alma con las ganas de llorar que tengo pero no puedo no puedo llorar es como si el alma se me hubiera vuelto de piedra y ya no tuviera nada dentro solo mi odio hacia ti mujer y hacia la sangre de nuestra sangre y por eso te vas a arrepentir toda tu vida porque vas a estar sola y vas a saber que todos los que querías han muerto tus hijos y yo aunque a mi maldito el amor que me tienes y nada te consolará vagarás por las calles como una borracha serás una borracha una puta barata de carretera nada te consolará de la muerte de nuestros pequeños porque tú sabes que has sido la culpable tu sólo tu con tu coño ofreciéndose al mejor postor abandonando a tus hijos enfermos para joder en habitaciones de hotel abandonando a tu hombre para cambiar de polla cada noche ¿pero qué tienes entre las piernas que tanta carne necesita? ¿qué animal hambriento habita en tu coño que nunca se sacia? y es por eso que hoy va a ser el final para todos, que la casa se manchará de sangre que nuestros hijos no volverán a ver la luz del día que no irán mañana al colegio que todos te señalarán con el dedo como una maldita ramera y una asesina y que ya estoy hasta los cojones de ser la burla de todos y un hombre puede caer muy bajo pero no más bajo que la tumba y allí es donde vamos a ir todos, y nadie nos sacará ya de allí estaremos muertos y nos pudriremos y bastarán tres o cuatro o cinco depende si los niños se despiertan y se asustan tres o cuatro o cinco bam bam bam y algo me dice hazlo ya hazlo ya cabrón antes de arrepentirte porque este es el castigo de Dios para esa puta que eres y ya serás libre puta para joder sin excusas con quien se presente y que te den por detrás como a ti te gusta y todo ha acabado todo ha acabado maldita sea éramos tan felices cuando veíamos las películas de veraneo con los niños en tus brazos y tu estabas tan bella y yo me sentía tan feliz hasta que se cruzó la puta codiciosa de pollas y todo se jodió y ya está al carajo ya estoy harto de escribirte esta carta de despedida ya voy a matar a nuestro hijos y luego me mataré yo y tu cuando vuelvas a casa no oirás más que silencio y recorrerás el reguero de gotas de sangre por la moqueta de la casa hasta el cuarto de los niños y ya imagino puta tu grito ya imagino tu grito ya imagino tu grito….
(Juanma Miranda)
viernes, 15 de julio de 2011
Apenas una historia...
Santiago Gredos observó sin disimulo la pálida intimidad de los rincones, las parejas que le rodeaban. Al compás de un blues de Jimmy Dogherty, sombras diseminadas en el bar de copas, se besaban, en una simulación de no saberse solos, en un excorcismo del desencanto; cuerpos y espíritus, se quemaban al sol del son de un blues destilado con exquisita malicia.
El pub Cabourg olía pesadamente a decadencia, a tiempos que fueron mejores. Rancio abolengo de lo que fuera un escondite e inexcrutable laberinto, de consignadas citas para amantes adúlteros y anónimos de alto standing, durante el franquismo.Gran Vía adelante,en una bocacalle de Red de San Luis, parpadeaba el bigote afeminado de un Proust de luces de neón. En la puerta, como un natural exótismo parisino, para el autor del boulevar de Saint-Germain, un asiático de pelo grasoso, hacía las veces de nocturno aduanero de acceso a la cueva del placer. Portero de la noche invernal de un Madrid desolado, dando paso con un amable gesto que hacía ver en su cintura una navaja con puño de nacar y plata, al paraíso de placeres ocultos y cuartos oscuros,de anónimo sexo, la densa y pastosa humareda del Cabourg.
El porqué Santiago Gredos se encontraba aquella noche en el invernal Madrid que mata, recalando sus escasos huesos, apenas los imprencidibles para completar un esqueleto, era dificil de discernir. Apenas había pasado el control de aduanas del aeropuerto, con el pasaporte lastrado por un arsenal de sellos y tampones, checoslovacos, austríacos,alemanes, thailandeses,marroquíes, y de medio mundo, Gredos tuvo que pararse entre la vorágine del ir y venir de viajeros que apresuradamente transitaban la anónima terminal del aeropuerto, y recapacitar su posición topográfica en el giro planetario. Y decidir si se volvía, hacia el norte,hacia Islandia o regresar a su sur de nacimiento. Hacia ese definitivo sur, y dejarse dormir, o morir, que más da, apenas la diferencia es el tiempo que dure la cabezada; dejándose llevar por un delirio de alcohol en un bar de alterne. O recalar en ese punto inexcusable, en el que siempre reposaba, exhausto: su buhardilla del Madrid de los Austrias.
En dos semanas de trapicheo y alterne en bares de mala muerte, había conseguido el encargo de un editor alemán, para traducir al castellano y lenguas adyacentes, el pastiche histórico melodramático " El apóstol "de Fiedor Koszayen. Autor muy conocido en su casa, sobre todo a las horas de comer. Gredos acababa de regresar del festival de cine de Carlo Bivary. Sus aceradas críticas a todo lo que oliera a cine yanqui, le habían valido entre la cuadrilla de críticos colegas el apodo del escorpión. El aducía denigrar el cine norteamericano y alentaba sin rubor, la osadía y compromiso ideológico, intelectual y social del cine europeo. En privado, sin embargo se relamía con las viejas pelícuas de Capra o Lubitch, y si le hubieran retorcido los pezones con unos alicates, hubiera confesado una lista de directores y actores norteamericanos que adoraba de los que Jerry Lewis, podría ser el aporte de mayor compromiso político.
Gredos se decidió a caminar, tras deambular por las calles del Viejo Madrid, Hortaleza, Fuencarral, hasta desembocar frente a Atocha. Su salida deslumbrado por la iluminación de la Glorieta de Atocha, el Ministerio de Agricultura, el centro Reina Sofía y la propia estación, le dejó en un estado cercano a una experiencia alucinógena, a lo que los tres canutos de maría que llevaba en el cuerpo ayudaban notablemente. Gredos cargando su bolsa de viaje enfiló Recoletos con la intención de perderse entre los tugurios de jazz de la calle Huerta. De como sobrevivió a su tedio y su cansacio y pudo llegar frente a la puerta del Cabourg,no hay mayores misterios. Tan sólo se metió los dedos en la boca, emitió un pitido largo y agudo que resonó sobre el asfalto de un silencioso Madrid de media noche, como una bala contra una pared de metal chapado. Acto seguigo se dejó caer como un fardo sobre el asiento posterior de un taxi, con la seguridad que aquella sería una de las veladas más aburridas de su vida. Al cabo la muerte y el sueño son hijos alimentados a los pechos de la misma madre: el desencanto y el aburrimiento. Salvo que tras la muerte no debes volver a levantarte para lavarte los dientes y prepararte un café bien cargado.Gredos sonrió socarronamente y pensó para si mismo, " Que jodida y cómoda es la muerte..."
Y Castellana adelante, apoyado hasta la rendición en el respaldo del asiento posterior del taxi, Santiago Gredos contempló en el cielo de la noche de Madrid, colores de óxido rojos y púrpuras, eléctricos rayos catódicos como un caleidoscopio suburbano , y en su cielo sin alma, hacia el oeste, entre gotas de mercurio, despuntaban las luces, de unas acaso, ya yertas estrellas....
(Juanma Miranda)
El pub Cabourg olía pesadamente a decadencia, a tiempos que fueron mejores. Rancio abolengo de lo que fuera un escondite e inexcrutable laberinto, de consignadas citas para amantes adúlteros y anónimos de alto standing, durante el franquismo.Gran Vía adelante,en una bocacalle de Red de San Luis, parpadeaba el bigote afeminado de un Proust de luces de neón. En la puerta, como un natural exótismo parisino, para el autor del boulevar de Saint-Germain, un asiático de pelo grasoso, hacía las veces de nocturno aduanero de acceso a la cueva del placer. Portero de la noche invernal de un Madrid desolado, dando paso con un amable gesto que hacía ver en su cintura una navaja con puño de nacar y plata, al paraíso de placeres ocultos y cuartos oscuros,de anónimo sexo, la densa y pastosa humareda del Cabourg.
El porqué Santiago Gredos se encontraba aquella noche en el invernal Madrid que mata, recalando sus escasos huesos, apenas los imprencidibles para completar un esqueleto, era dificil de discernir. Apenas había pasado el control de aduanas del aeropuerto, con el pasaporte lastrado por un arsenal de sellos y tampones, checoslovacos, austríacos,alemanes, thailandeses,marroquíes, y de medio mundo, Gredos tuvo que pararse entre la vorágine del ir y venir de viajeros que apresuradamente transitaban la anónima terminal del aeropuerto, y recapacitar su posición topográfica en el giro planetario. Y decidir si se volvía, hacia el norte,hacia Islandia o regresar a su sur de nacimiento. Hacia ese definitivo sur, y dejarse dormir, o morir, que más da, apenas la diferencia es el tiempo que dure la cabezada; dejándose llevar por un delirio de alcohol en un bar de alterne. O recalar en ese punto inexcusable, en el que siempre reposaba, exhausto: su buhardilla del Madrid de los Austrias.
En dos semanas de trapicheo y alterne en bares de mala muerte, había conseguido el encargo de un editor alemán, para traducir al castellano y lenguas adyacentes, el pastiche histórico melodramático " El apóstol "de Fiedor Koszayen. Autor muy conocido en su casa, sobre todo a las horas de comer. Gredos acababa de regresar del festival de cine de Carlo Bivary. Sus aceradas críticas a todo lo que oliera a cine yanqui, le habían valido entre la cuadrilla de críticos colegas el apodo del escorpión. El aducía denigrar el cine norteamericano y alentaba sin rubor, la osadía y compromiso ideológico, intelectual y social del cine europeo. En privado, sin embargo se relamía con las viejas pelícuas de Capra o Lubitch, y si le hubieran retorcido los pezones con unos alicates, hubiera confesado una lista de directores y actores norteamericanos que adoraba de los que Jerry Lewis, podría ser el aporte de mayor compromiso político.
Gredos se decidió a caminar, tras deambular por las calles del Viejo Madrid, Hortaleza, Fuencarral, hasta desembocar frente a Atocha. Su salida deslumbrado por la iluminación de la Glorieta de Atocha, el Ministerio de Agricultura, el centro Reina Sofía y la propia estación, le dejó en un estado cercano a una experiencia alucinógena, a lo que los tres canutos de maría que llevaba en el cuerpo ayudaban notablemente. Gredos cargando su bolsa de viaje enfiló Recoletos con la intención de perderse entre los tugurios de jazz de la calle Huerta. De como sobrevivió a su tedio y su cansacio y pudo llegar frente a la puerta del Cabourg,no hay mayores misterios. Tan sólo se metió los dedos en la boca, emitió un pitido largo y agudo que resonó sobre el asfalto de un silencioso Madrid de media noche, como una bala contra una pared de metal chapado. Acto seguigo se dejó caer como un fardo sobre el asiento posterior de un taxi, con la seguridad que aquella sería una de las veladas más aburridas de su vida. Al cabo la muerte y el sueño son hijos alimentados a los pechos de la misma madre: el desencanto y el aburrimiento. Salvo que tras la muerte no debes volver a levantarte para lavarte los dientes y prepararte un café bien cargado.Gredos sonrió socarronamente y pensó para si mismo, " Que jodida y cómoda es la muerte..."Y Castellana adelante, apoyado hasta la rendición en el respaldo del asiento posterior del taxi, Santiago Gredos contempló en el cielo de la noche de Madrid, colores de óxido rojos y púrpuras, eléctricos rayos catódicos como un caleidoscopio suburbano , y en su cielo sin alma, hacia el oeste, entre gotas de mercurio, despuntaban las luces, de unas acaso, ya yertas estrellas....
(Juanma Miranda)
Diez años y un soplo de viento
Seguía pareciendose a ella. Ella a sí misma. No a ese pálido reflejo que se nos queda atrapado en la memoria. Estaba parada en una esquina que hacía bisagra y chaflán con La Campana. Yo la miré un buen rato en la distancia. Cómo quien contempla su propio pasado. Cómo quien observa atónito en materia viviente, lo que fuera antaño, la nebulosa pátina del país de la niebla.Diez años hacía que no la veía. Por azares del destino, me la encontré, en un perfil semiolvidado de una página de Internet. Quedamos a tomar café. La última vez que la ví, diez años atrás, se despidió de mi con un beso en la mejilla. Se giró, y con su cabello negrísimo, color ala de cuervo, una blusa negra y una falda color café, se perdió de mi vista, en la vorágine de un día de comercio en la calle Tetuán.
A veces la vida, es como un libro, semiolvidado, no el libro Borgiano de arena, ni el de la flor seca entre dos poemas, fruto sin duda de un día inolvidable y ya olvidado. Es como arribar a un territorio conocido, tras años de derrota por océanos ignotos. Como volver a sentir entre tus labios, el sabor agridulce de la fruta robada de la huerta vecina, cuando las golondrinas anidaban sobre mi ventana, y un mechón negro. como crin de potrillo, me bailaba en la frente asuzado por el viento blanco de la levantera.
Hay errores que no se terminan de pagar en la vida. Y éste, éste era un error, que yo quería saldar antes de dar el salto a ese horizonte invisible de la ausencia eterna. Para cerrar una puerta que no lleve a la amnesia con alevosía, ni al rencor, ni al ladrido nocturno del recuerdo. Somos polvo antes de ser viento. Seamos fuego antes de ser las cenizas del olvido....
(Juanma Miranda)
domingo, 12 de junio de 2011
Diario del viajero de la noche: la noche en llamas
Caminaba y caminaba por aquella vía de tren que no llevaba a ninguna parte. El agua se me había acabado hace una semana, y saciaba mi sed con pequeños arroyos, que gota a gota descendían desde algún acuífero montañoso y descendían hasta la llanura como un hilo de milagrosa salvación para un caminante, como yo, sediento. Anoche al dormirme, hecho un ovillo con mi cazadora a modo de manta, y la mochila por almohada, el cielo, estaba ardiendo. Sí, sí , rojo, como las llamas del infierno, o como un fuego inexpugnable e invencible, que llegara de más allá de esta vida nuestra. Como si fuera el
ángel apocalíptico anunciador de la llegada inminente de una vida nueva. En la inmensidad
De esta llanura de tierra color azufre, la otra inmensidad, la del cielo, la del cosmos, ardiendo como antorcha purificadora, me sobrecogió, y al mismo tiempo que me hacía sentir absolutamente pequeño, su belleza me hacía presagiar que ese tiempo nuevo que debía nacer, sería más limpio, y más humano, y más puro.
Una mariposa reina, se posó en mis piernas, sobre mis pantalones vaqueros, quizás atraída por el pequeño fuego que hice para calentarme. Me quedé extasiado contemplado los pigmentos de sus alas. Púrpura, dorado, verde. Paseaba por mi pierna, arriba y abajo, al compás de las ascuas de la hoguera. Y contemplándola me dormí, soñando con un mundo sin límites, y con una vida prestada por la muerte, para convertirse en monumento a nuestra propia libertad, inalcanzable pero ansiada.
Por la mañana caminaré junto a la carretera comarcal, para ver si algún granjero me acerca unos kilómetros a un punto más lejano. Siempre, siempre, más lejos. Algún pueblo donde pueda comer algún guiso de patatas que me caliente el cuerpo. Y quizás haya alguna partida de poker en la trastienda. Y cuando mire por la ventana, contemplaré el mundo que ya ha pasado, la vida que ha transcurrido, el tiempo que no regresará, el viento que no soplará de nuevo. Y recordaré la noche en que dormí rodeado de un fuego de llamas, y de estrellas, pudiendo oir el mecanismo secreto de la tierra, y de mariposas con colores eléctricos. Todas aquellas cosas que no volverán jamás, porque la vida es una red tejida de renunciaciones.
La televisión del local daba un programa del corazón, y la gente en él gritaba y se insultaba. Y la camarera, una chica morena y delgada pero con un trasero estupendo, me trajo la comida con un mohín de complicidad. Se volvió y yo me quedé viendo sus nalgas subir y bajar mientras caminaba. Pagué y salí a la calle bajo un cielo entoldado y gris como agua sucia.
Y la carretera de la costa se abría a un mar brumoso. Y sobre el mar como por un encantamiento, sobre el horizonte, se veían dos soles naranjas, crepusculares y paralelos. Como si fuera un universo dual. Y sobre los dos soles, unas montañas nevadas. Y alguien dijo que el sol no es libre, porque es el sol. Y el mar no es libre porque es el mar. Y el hombre nunca será libre, porque nació hombre y morirá como hombre.
Y el rayo partirá la madera del tronco con su golpe de látigo seco y eléctrico, y sobre la ceja izquierda, me marcará a fuego como miembro de la estirpe de Caín, y el destino me condenará a vagar eternamente por el mundo
buscándote, buscándote...
(Juanma Miranda)
viernes, 27 de mayo de 2011
La herida que nos mata
Las gotas tililan con el viento frío de la noche. Algunas se han helado. La Primera nevada ha llegado. Y me ha pillado sin
fuego en el hogar. Debí de haber cortado leña. Debí de haber cortado leña hacia el final del verano. Pero uno nunca se espera el otoño
adelantado. Una noche, te levantas a cerrar la ventana, y correr las cortinas que vuelan azotadas por un aire helado y te dices
para tí mismo: sí ya ha llegado el otoño....Y un viento helado te recorre todo el cuerpo y te hace estremecerte.
El reloj se paró exactamente a las doce y diez de la noche, del día 23 de septiembre de 2005. Me despetó un espacio vacío
que no encajaba en la simetría conocida de nuestros cuerpos. Como si parte del espacio se hubiera vaciado por una huida repentina.
Cómo si faltara algo o alguien y no percibieras el origen concreto de esta desnudez.Su lado de la cama estaba revuelto, pero vacío. El armario
abierto, Su ropa, había desaparecido. Sólo quedaba tirado en el suelo una de sus braguitas. Una turquesa, Y al mirar por la ventana,
sólo contemplé una avenida vacía de luces eléctricas, verdosas y púrpuras. Y el último autobús, respirar como una ballena
varada, y agónica en una playa a la que hubiera llegado agotada de luchar contra el mar y contra el tiempo.
Ella había dicho, días antes : " Es tan cansado luchar contra el hastío.... Estoy realmente tan cansada..."
Yo permanecí en silencio. Las palabras vacías son el vocabulario de la desolación. Así que era mejor permanecer callado.
Y ella, la chica, paseaba nerviosamente por la sala de estar, se quejaba de cosas inconexas, a veces lloraba, o se
sentaba en una butaca con el rostro entre las manos, y murmuraba: " todo es una mierda....todo acaba por desmoronarse, todo, todo, siempre...".
Ella decía que su vida era un asco, que su trabajo era un asco, que ese hombre que la miraba, no era aquél del que se había
enamorado. Que el sexo era rutinario. Que la comida se tragaba rutinariamente, que antes se reían juntos, y ahora se pasaban
horas y horas, el uno junto al otro sin dirijirse maldita palabra. Decía que tenía que hacer algo, lo que fuera, meterse a puta,
cojer ese puesto de trabajo que le ofrecieron aunque significara cruzar el país, ! maldita sea, maldita sea¡, volvió a gritar; lo
que sea con tal de salir de esta jaula tan pequeña que me aprisiona como a un gato muy grande.
Y era esa hora de la noche, en que más solo se está. Y cruzó un relámpago el cielo, y crujió un trueno, y comenzó a caer sobre
el asfalto, sobre las farolas enhiestas como vigilantes nocturnos, sobre el horizonte, una pesada capa de lluvia gris que sonaba
a borbotones al golpear contra el asfalto.
Y ella dijo: un día me iré. Sí un día me iré, te lo juro. Y no me volverás a ver el pelo en toda tu puñetera vida. Porque quiero,
volver a empezar una nueva vida, Tener algunas ilusiones. Volver a dormirme cada noche sin llorar de rabia, clavándome
las uñas. Y tú te puedes ir al carajo. En el fondo estarías mejor sin mí. Los dos estariamos mejor el uno sin el otro: sin este
marasmo que nos ahoga, y del que nos da miedo salir, porque ahí fuera, la cosa está aún peor. Pero mierda, ahí fuera, al
menos hay otras cosas, nuevas cosas, y hay que arriergarse. Y es mejor morirse rapidamente, que languidecer año
tras año, no sabiendo que te estás pudiendo por dentro, hasta que ya es tarde. Y escaparse es ya inútil...
Y el hombre murmuró intentado cojer sus manos entre las suyas: sí bueno, pero las cosas pueden mejorar. Puede que
todo vuelva a ser como el principio. Ultimamente he estado un poco loco, lo sé. He perdido demasiados trabajos. He bebido
demasiado. Hemos follado demasiado poco y sin ganas. He estado un poco perdido. Ya sabes. Esas cosas que pasan.
Y la chica quiso ir a la cocina. Y el hombre se interpuso, y le susurró al oido a ella muy quedamente junto a su largo cabello:
" Esta vida no es mala, esta vida nuestra no es tan mala, al fin y al cabo..., no es como morirse, leche".
Y la chica con la mirada pedida musitó para sí misma
" Sí, es posible, que esta vida no sea tan mala. No sea tan mala, como la muerte.... Es aún peor...esta vida es tan buena o tan
mala como la nada.... Como no sentir nada. Como si te cortaras y no saliera ni sangre".
Y se puso un café. Y se encendió un cigarrillo con el fuego de la cocina.Y se quedó mirando a los azulejos de la cocina. Como si mirase más lejos,
mucho más lejos. Hacia un lugar y un tiempo, en el que ella y sólo ella, pudiera estar en el secreto de la vida...
(Juanma Miranda)
Un día malo lo tiene cualquiera
Ella estaba follando con el tipo. Cuando abrí la puerta chirriante de la caravana, lo estaban haciendo ahí mismo. Delante
de mis narices. Desde la entrada entre abierta,con la chapa de metal de la puerta despegada se oía ulular el viento de la llanura. Pero ellos estaban a lo que estaban. Y no
escucharon nada. Ni a mí abrir la puerta con la caja de doce cervezas, ni los resoplidos furiosos del tornado que se acercaba.
Sólo escuchaban su propio tornado. En sus cuerpos. Entre sus piernas.
Y bueno que se supone que debía de hacer yo. Dos tiros, pum, pum, y asunto arreglado. La caravana hecha una mierda de
sangre. Ocultar los cuerpos, más allá de la colina , donde comenzaba el desierto, o dejar que todo transcurriera como si tal
cosa. Es verdad, es verdad, no era la primera vez que mi mujer se tiraba, a un camionero. En realidad ya he perdido la cuenta.
A veces hay contabilidades que es mejor no seguir. Lo mejor, sería volver a cerrar la puerta, dejar que terminaran y cuando
el trailer del camionero enfilara autopista delante, llegar, sonriente, como si nada, y decirle, ¡ Ey cariño, tenemos cerveza
fresca para todo el fin de semana. El viejo usurero de supermercado tenía un stock tirado de precio. Menuda barbacoa vamos
a hacernos con esto y los conejos que maté ayer con mi hurón y mi escopeta de caza!.
Sí, eso hubiera sido sin duda lo más civilizado. Y lo más inteligente. Nadie se hubiera visto metido en problemas.
Pero hay veces que el vaso está al límite de rebozar, que basta una diminuta gota para caer en la locura. Y eso nunca se
sabe cuando llegará. A veces ni llega. Se soporta todo. Y toda la vida es un inmenso desierto de autoconmiseración.
Pero esta vez fue el día en que esa última e impredecible gota del destino descendió lentamente, como si tuviera todo
el tiempo del mundo, sobre la copa en su límite.
Así que tomé mi escopeta de caza de dos cañones, mi canana de cartuchos, y entré de nuevo en la caravana. Y disparé y cargué,
y disparé y cargué, y disparé y cargué, en un paroxismo rayano a la locura, reía a carcajadas mientras volaban trozos
de piel, de dientes, de cabellos, de carne. Explosiones de roja sangre, estallaban por toda la caravana. De prontó se hizo
el silencio. Bajos mis pies descansaban más de treinta cartuchos. Y un olor a quemado impregnaba toda la caravana.
El dormitorio. La cocina. La puerta del water, el saloncito, las cortinas de flores. Todo estaba empapado de una brillante
sangre carmesí. Yo mismo estaba empapado entero de la sangre de ellos.
Abrí la puerta de la caravana, me puse la escopeta sobre los hombros. Me encendí un cigarillo con mi encendedor Zippo.
Y me senté en una sillita de playa con un estampado de rayas de colores alegres. Había dos. Ella y yo las utilizabamos para comer fuera los días que hacía bueno.
Y yo estaba empapado de sangre. Sentía su pegajoso tacto por todo el cuerpo. Saqué el paquete de tabaco. Me puse un pitillo
entre los labios. El sol calentaba pero no quemaba. Dios, se estaba realmente bien, bajo este sol.
Se estaba de puta madre recibiendo este calor, mientras me distraía haciendo volutas con el humo blanquecino del cigarrillo que fumaba.
(Juanma Miranda)
martes, 15 de marzo de 2011
Niebla y amor entre las manos...
Bajo este tibio sol de invierno como una naranja, gajo a gajo, la pelo con mis dedos, y su piel desciende suavemente
como la lencería de una mujer,cae suavemente hasta sus pies, y luego de un puñetera vez, se abre el cielo, al menos durante varios horas, entre sus piernas. Y este sol que alumbra
pero no quema, este sol famélico, te alimenta como una comida de caridad,sopa caliente, con fideos, algo de patatas, y nada de carne, las proteinas están reservadas para las clases activas.Y este sol, te hace preguntarte, ¿para qué sirve la vida? te hace cuestionarte, si la vida, toda ella, está sobrevalorada; en consecuencia todo,absolutamente todo: el amor, el dinero, el sexo,
una piscina en invierno,un piso con vistas al
puto edén, una buena salud,follar como cosacos,
ser feliz, dormir bien, tener un ritmo intestinal satisfactorio, estar bronceado en invierno,
tener compañia, o estar más solo que una rata, etc, etc, todo pues, estaría sobrevalorado.
Shakespeare, Cervantes, la Divina Comedia, la Capilla Sixtina,La pasión según San Mateo de Bach,
el " tiemblan las estrellas " de Tosca", los regates de Messi, los senos turgentesde esa chica que pasa,
todo esto sería prescindible.
Meditemos, en este juego de la vida, en este teatro de títeres en el que empleamos el tiempo
esperando ver la cara de ese Sagrado Corazón, con pilas que
hace que se le encienda la corona,
y le palpita el corazón, y le sangre la herida del costado.
Hoy toca discoteca, y olor a sexo entre tus manos
mañana tocarán las nubes negras del olvido...lunes, 18 de octubre de 2010
Una mujer deambulaba como una sucia pantera...
Había una mujer, la conocí en una reunión casual, que me explicaba su situación.
Merodeaba, nerviosa y confusa, daba vueltas alrededor de la jaula que ella misma
se había construido, como una pantera de un zoológico de no demasiada categoría,
un zoológico de suburbios donde los obreros de la fábrica de automóviles que daba de comer a todo el pueblo, llevaban a sus hijos los fines de semana, y le echaban fruta a los osos,y gesticulaban junto a los monos, y en un lugar apartado, como aburrida de la vida, estaba esta pantera, sucia,
con trozos de carne podrida, y una inmensa tristeza en su lomo como de terciopelo azabache,
y una mirada que decía " ¡ pegadme un tiro de una puta vez!. No veis que mi vida es una ruina,
que estoy aburrida de estos círculos concéntricos, eternos, de los que nunca puedo salir,
en los que estoy eterna e irremediablemente atada, sin una salida...
¿No me veis, con mis enorme pupilas amarillas, de la desidia con mi pelo sucio, y mis garras
rotas de romperlas contra un sueño roto?. ¿Es que acaso estais ciegos. No me veis?.
Pegadme un tiro con esos rifles que guardais a miles, para defenderos del miedo
que os atenaza. Para libraros de una puta vez. alguna vez de una vida tan asquerosa como la mía,
o para ir a un supermercado un sábado por la mañana y cepillaros a una docena de
vuestros conciudadanos, y llenar de sangre la apasible mañana de un sábado
con los árboles acaso en flor, y las familias felices de compras, sin imaginar
que ese era el último día que por enésima vez iban a mirar la gama de electrodomesticos,
por que tú anoche, en silencio en tu cocina,mirando al vacío, mirando a la abominable
negrura de la noche, sentado con tu Remintgon, y un Nuevo Testamento abierto por donde Jesucristo decía:
"Yo no he venido a traer la paz, sino la espada..." y una botella de Whisky,
habías decidido que a la mañana siguiente llegaría el final de los tiempos para una docena
o acaso más de tus convecinos, los que te saludaban amablemente
en la calle principal, y en la iglesia el domingo por la mañama.
Pues con ese mismo rifle mata a esta pantera herida, mata a esta
mujer, ya sin sueños, mátame porque mi vida se fue al carajo, toda mi vida junto a él, para
que luego se buscara una amiguita, y me saliera con el sonsonete de: "necesito tiempo, para estar solo,
necesito mi espacio para reconsiderar lo nuestro y ver si tenemos futuro..."
¡ Veta al carajo!, Le debías haber dicho, lo único que quiere es la excusa santificada,
la tranquila cobardía, de no tener lo que hay que tener para mirarte a los ojos
y decirte: " ya no te quiero, aunque antes te quise, te quise mucho, pero
ya sabes, todos debemos tomar nuestro camino, y sólo nos haríamos
aún más daño...demasiado daño...más daño aún...del que ya nos hemos hecho..."
Y el hombre seguía hablando con la voz queda, y la mirada baja :" Si sólo fuera el amor, si sólo fuera eso,
pero una chica de veintitrés años me da tanto placer que me hace sentir menos viejo,
y bueno, lo nuestro duró media vida, pero hasta aquí llegó. Espero que lo comprendas, Que te resignes
a la victimización de tu vida cotidiana, que estes jodida, pero no me molestes demasiado,
que no me eches cosas en cara, en resumen que me hagas mi corbardía y mi falta de los mismos,
un poco soportable, sentirme menos mezquino por no tener agallas para mirarte
a la cara y ser descarnadamente cobarde y decirte: lo nuestro, todo, esta vida juntos se ha ido a la mierda,
porque se han cruzado por medio un par de tetas jóvenes, como dos obuses
duras y firmes, y que quieres amor, las tuyas ya están caidas, y estoy un poco cansado de darme
vueltas en la cama y ver siempre tu culo ya fofo, y ahora me tocó en la lotería
de la vida un culo prieto y eso querida es dificil de dejarlo pasar por delante sin echarle mano..."
Y luego bajar la mirada, como la de un delator, o un desertor, o un ser tan abyecto
como sólo uno mismo puede saber que lo es.Y un ser con miedo,
miedo a la vejez, miedo a la decadencia abdoluta. Miedo a la muerte anónima...
Y esa es la cuestión, resumida en una cáscara de nuez del epílogo de la historia de amor
de esta mujer y de este hombre sin nombres. Y eso es todo, eso es todo....
eso es absolutamente todo..Y el tío bajaba su juego de maletas
de piel, y metió sus trajes, y sus camisas, y su trebejos de afeitar, y se le escapó entre
dientes un " bueno ya vendré por el resto, un día que tú no estés, para hacer las cosas más fáciles,
y no hacer escenas delante del niño..." Y salió a la calle, y la soledad de la casa
para esa mujer que se quedaba sola, se hizo insondable, se hizo infinita, y en la playa, varios chicos y chicas jugaban al dominó en la arena poniendo uno la cabeza en los pies del otro,
ellos quizás dentro de veinte años,protagonizarían una escena parecida
a la de esta mujer y de este hombre; pero bueno para ellos aún queda esperanza..y en la playa también había chicos con traje de neopreno, que como miembros de una secta acuático satánica iban mar
adentro buscando la ola perfecta, la ola definitiva, la ola mística, el surf
elevado a la categoría de unión con un Dios, de barba y furgoneta,y rastas en el pelo, y un buen canuto
de maría y sicotrópicos y anfetas, para ver el mundo en el caleidospio de los colores primigenios, los colores de día exacto de la creación. Y eso es un subidón macho. Esa experiencia alucinógena es una pasada y te abre las puertas de la percepcíón, aunque es muy probables que si no controlas, también te abra
las puertas del siquiátrico o del cementerio. Pero sí, en este momento Dios, es un viaje del copón. Dios...
Los colores del Indefinible instante de la Creación...paseando por tu retina, explosionando
en tus iris, viendo una mujer con sus formas hermosas, exhuberantes, sin contaminar
surgiendo sobre el fondo de la batalla cósmica,Y todo absolutamente todo, creándose, sobre lava de vólcanes al rojo vivo...Con sus maravillosas explosiones de gases,
neón, argón, nitrógeno, explosiones nucleares para crear la vida, para la génesis del mundo, en la mano
del Dios, ese mismo Dios, que creó el dolor de esa mujer abandonada, y de esos muchachos amantes
del mar que se traga las vidas de los elegidos, de los que mueren jóvenes y viven deprisa
para tener un cadaver hermoso.
Y la mujer se subió a una silla, y tomó, del altillo del armario una bolsa de deportes,
y sacó de la bolsa un instrumento guardado y metálico, envuelto en una tela de gamuza. Sacó primero la culata, luego el percutor, más tarde el gatillo y el cargador, y el cañón, y una caja de cartuchos
color verde, y entró en el cuarto de baño, donde aún quedaba un frasco de loción after shave
del hombre que se acababa de ir. Y se metió en el baño, y se lavó parsimoniosamente su cuerpo maduro,
pero aún excitante, con un gel lechoso. Frotó su senos, su sexo en busca de sensaciones
antiguas, y una gota de agua caliente caía como moribunda del grifo sobre su pie.
Y habría que haber estado muy pegado a la puerta del cuarto de baño para oir su cansada,
su rendida respiración. Y después la detonación. El ruido que hizo levantar el vuelo de las palomas del alfeizar de la ventana del edificio. Y el rumor de la sangre queriendo sudvertir a borbotones
la geometricidad de los azulejos del cuarto de baño. Brotar a ríos de espuma roja, de mareas rojas,traspasar
los límites de la bañera, hasta caer las gotas sin peso, sobre la mano que colgaba de la bañera completamente yerta, con un hilo de sangre corriendo antebrazo abajo, hasta la mano y desde el dedo, así, gota a gotasin prisas, como una eternidad latente, silente, gota a gota, gota a gota,
hasta crear una laguna carmesí sobre el blanco suelo....
(Juanma Miranda)
lunes, 4 de octubre de 2010
Como la sangre mana....
Había un viejo boxeador.
Con la cara cortada
como hachazos por
de la vida.
Paseaba por las
calles de nuestra
ciudad,
llevaba su banqueta
y su caja de limpiabotas,
y cuando entraba en un bar
todos le decían:
¡Ey Kid Kanfort !, pasanos
un poco de betún por
los zapatos...
¡Como estás campeón!
Y el viejo se encojía de hombros,
sacaba unos recortes arrugados
de su sucia cartera,
y repetía: " yo fui un buen
peso medio.Pude
enfrentarme a Fred Galiana..el duro..
pude ser grande, y combatir
con Young Sánchez,
quien sabe....
ya nadie lo sabrá.." repetía
como una anónima letanía,
una y otra vez: " ya nadie lo sabrá..."
mientras se tomaba un copa
de Fundador, y escupía
a los zapatos de los parroquianos
para lustrar sus buenos zapatos,
y sacar unas pesetas, para dormir
en la pensión de putas de la calle
Plocia...y quizás poder acercarse
a una de las chicas,
para que le hiciera barato
un francés....
Y tenía las orejas como dos coliflores,
y los dientes le bailaban como
Fred Astaire, y las piernas y los riñones
se negaban a funcionarle bien,
y a veces en los wateres de los bares,
orinaba un hilo de sangre roja,
que salpicaba la sucia taza,
con gotas color rubí.
Y si le dabas un Ducados, o un Bisonte
y un anís Machaquito, te contaba su vida.
Como noqueó, al Rubio Mantecas, en la
plaza de toros de Albacete,
y como le saltaron tres dientes de un directo
de Ray Ramirez en Tomelloso,
o como una vez un tipo con el que peleó
en una velada en Badajoz, se puso
una puntilla en el guante, que le hizo
tantos agujeros, que la saliba le salía
por las mejillas, por los ojos,
por la frente, por los dientes...
" Yo pude ser grande dice....
pero de eso ya quien se acuerda....
Ahora soy una mierda,
huelo como ellas,
vivo como ellas,
y me recojerán como ellas...
pero hubo noches de focos
en mi cara, y de periodistas
y fotógrafos en mi vestuario aguardando,
y gachís de bandera
esperando a que invitara a alguna
esa noche a cena y a catre..."
Sí, el viejo fue grande,
aunque nunca lo fuera.
Vivía de sus recuerdos,
muertas sus esperanzas,
dilapidadas sus ilusiones,
como cuando de niño empezó a
entrenarse en el gimnasio
del barrio de Santa María..
y veía en el Nodo, combates
de Rocky Marciano o de
Jack Lamotta; cuando las pupílas
le brillaban, y aún el corazón
le impulsaba por sus venas una
sangre joven y soñadora.
Y un día, pronto, caería
definitivamente, por un k.o
enviado por el puto destino.
Y alguien diría, un día en un
barucho cualquiera, de manera
distraida, como quien diría
si se ha sulfatado para evitar
la plaga de cucarachas....
" ¿Has visto utimamente a Kid Kanfort...? "
Y todos dirían que no, porque el viejo
Kid, llevaría ya meses criando jaramagos,
y porque el destino nos devora a todos,
como a Kid, como a los juguetes rotos
de la vida, como a los restos agrios
del vino, como a la escoria y a los trozos
pestilentes de los pescados de desecho,
como una perra devora sus propios
cachorros al nacer.
Y el destino actua calladamente, como un traidor,
como un asesino silencioso,
sólo se le puede oir llegar, si
callamos la voz, e incluso la respiración.
Llega como el mudo brotar de una semilla.
Llega como el ciego bibizeo de una culebra.
Como el lento descender de una gora de cera
de una vela.
Como el invisible respirar de un sueño roto.
Como el anónimo silencio de la muerte.
Llega y sin hacer ruido, como la noche
que invade nuestras casas.
Como el último latido de una vida
LLega como la lenta agonía de los peces
fuera del agua..
Llega como la sangre mana....
(Juanma Miranda)
El mar, al fondo....
Desnudo me hallo,
desnudo estoy de Dios
y de los hombres.
Ante este sol de invierno,
que calienta mas no quema,
hendida está en mi corazón silente,
la soledad inabarcable de tus brazos.
¿Qué rostro me deparará la noche?-
¿Cúal será el perfil cansado de mi aliento?.
Tiemblo , Señor natural de los árboles y el viento.
Señor natural de los labios amados.
Temo no ser tan fuerte
como el Ser permanente de todas las cosas
que han sido y seguirán siendo.
Arrebata de mí la sobriedad del miedo.
Hazme ronzal de la noche,
cáñamo del aire.
Derrama sobre mi, la serena ingnominia
del olvido.
Hazte sagrado discurrir por mis arterias.
Para no ser, ni ansiar el seguir siendo.
Tan sólo formar serena urdimbre a la tierra
con mis huesos.
Ser piel de la negra colina
animal del lodo.
Luz de las horas malvas....
(Juanma Miranda)
Edgar Allan Poe, y un cuerpo de mujer en primavera
Me gusta elegir con calma los filetes, el pescado y la pasta en el supermercado. Sobre todo cuando los calientes rayos de abril, hacen a las mujeres cubrirse con leves ropas, señalando sus pechos y sus nalgas. Y Poe, con su cuervo adyecto de la delación, desdeña la luz del mediodía. Busco naranjas y frutos tropicales, mientras la isla de la utopía cercena la bruma del invierno agreste.
Compro y pago, cocino los filetes vuelta y vuelta, con su olor a carne que me envuelve; y dos copas de un vino color rubí; y una piel a mi lado, sudada, lasciva del contacto de las pieles, las manos y los labios, sí una piel así, así como la tuya se agradece de vez en cuando....Sí de vez en cuando, la costumbre asesina al amor, y lo que es peor aún, al deseo...Sí, así pues, está bien esa piel junto a mí, de vez en cuando, luego dejadme solo. Ella y yo nos comprendemos. Somos dos lívidas parcas, tejiendo la osamenta que nos cubre la lóbrega y yerta herida.Y luego ese dolor que cruje en mi pecho, en mi espalda, mi aorta, mi carótida, mi cerebro. mis dientes. La luz que me agoniza lleva ya varios recibos atrasados.
Releo a Dickens, a Conrad, a Tolstoi a Kafka, a Faulkner. Que gran frase la del viejo de Missisipi,amante de las ninfas del Sunset Boulevard: " Entre el dolor y la nada , eligo el dolor..."
Sin embargo a veces, a esa hora imprecisa de la noche, viene a visitarme ese niño de faz reconocible, que se burla y se rie, y acaba llorando desconsoladamente, y se marcha sin dejar ni una huella de su crimen. A esa hora, siempre un cuerpo, tu piel amor mío, salada y húmeda, de sinuosas líneas calientes y olor agreste a cuerpo satisfecho, es lo que me salva sin tregua del insomnio.Y falta aquella...la que me viste y me desviste con dedos de sierpe enamorada. La que siempre me espera en el límite preciso donde el rincón del viento ya se encalma y huele a maresías...
Sí, sí, Dios me conoce y yo conozco a Dios. Y no sé cual de los dos es el más falso....
(Juanma Miranda)
Un payaso contempla una pálida estrella
Un payaso contempla una pálida estrella. Lívido
el viento. Late. El corazón de carbón y acero.
El clown terminó su espectáculo.
Hizo reir de su impostura, de su hipocrecía
al público. Vuelto al hotel mira el firmamento ignoto.
Y se siente hombre libre. Poeta sin cadenas,
de la noche.
El neón del bar, pestañea púrpura, rojo, verde, amarillo.
Llueve, como si llorase la noche.
Y se fuma un cigarro, y pide al Dios de los herrantes,
que el sufrimiento sea leve, que los hombres no demoren su fin,
que la sangre no se derrame por las calles.
Que los cuerpos se encuentren en las cálidas penumbras.
Y apagó su cigarro contra la pared mojada por la lluvia.
Y se metió en la cama. Y siguió la costumbre
de dormir. Y siguió la costumbre de vivir,
La vida pues es una costumbre.
Como pedir Malboro,como follar sin ansias,como hacer reir con malditas lasganas.
Pero si se nace payaso, amigo, la has cagado.
No sólo puedes estás jodido por la vida, sino que aún
debes de hacer reir a unos imbecilespara poder comer.
Debí, ser contable como mi padre. Piensa para sí mismo. O funcionario.
O dentista. Cualquiera de esos trabajos, en el que aún teniendo
mala leche,te seguirán pagando.
(Juanma Miranda)
miércoles, 25 de agosto de 2010
Una lágrima no mata....
Una lágrima no sirve.
(Juanma Miranda)
Una lágrima no mata.
Nadie mata a una lágrima.
Nunca una lágrima mata.
Para qué llorar entonces,
si la lágrima no es
el cauce
de una herida tan exacta...
(Juanma Miranda)
Una vida arrastrada...
Llevo una vida arrastrada a los zapatos
galopante que nos mata.
caídos del asfalto.
Oigo como mi vida, allí abajo, ríe y llora,
ama a una caracola de barro, se hace una cabaña
con un ajado paquete de cigarros.
Yo miro a esta vida que se me agarra ufana
del tobillo.
La miro como un pájaro dominante en su limbo,
en un cielo de neón eléctrico, acaso para ella,
mi vida subterranea, el cosmos....
Contemplo como mi vida discute, grita, engaña,
a una cucaracha, sobre la inflaccióngalopante que nos mata.
Reune, esta vida mía, que yo presiento
por sus manos,
una atadura de salivas saladas,
mientras yo ando de madrugada, embaucándola
hacia el sueño,
oigo como respira, triste, alcohólica y cansada,por el amor solar de tu pisada...
(Juanma Miranda)
(Juanma Miranda)
martes, 24 de agosto de 2010
Diario del viajero de la noche (23-Abril 2057)
Me despertó durante la noche una suave lluvia, dulce como la mano de una amante. La lluvía caía como ampos de nieve cálida sobre el ceniciento mundo. Me enderezé para avivar el fuego, este fuego que penosamente me calentaba en las heladas madrugadas y en las frías mañanas de esta tierra y de este cielo eternamente ya cubiertos de aire negro. Contemplé la absoluta oscuridad que cubría todo lo abarcable por la vista. La Bahía de Heptons, los montes de la cordillera de Gladstone, las tierras de Diurik.Todo estaba bañado por un silente sol de medianoche. Los habitantes de estas tierras, llaman a este lugar. Uwaikazi: el lugar donde Dios no terminó su creación. Y creen que sólo cuando el hombre se haya extinguido, Dios volverá para culminar su obra creadora.-¿Quien eres?
-Te he venido siguendo desde hace muchos días. Sabía que contigo viajaba la vida.-Me contestó.
-Viajo sólo. Es más rapido. Y en estos días más seguro.-dije
-No seré una molestia, cuando lo desees me marcharé de tu lado...¿hacia donde viajas?
-A estas alturas de mi camino, creo que viajo al infinito, pues tan largo y arduo se me está
haciendo el camino en pos de mi destino,
-¿Qué buscas?- Me preguntó. ¿Tu tierra, tu hogar?
-Mi tierra y mi hogar, están muy al sur. No sé si aún existen, tras este invierno tan largo de las almas y los cuerpos. Transito estas tierras por donde soy peregrino y extranjero buscando al ser que hace brotar a mi corazón de su coraza de huesos y de músculos.Busco a Ilaia.La mujer que la existencia me deparó como compañera.Vino a estas tierras, sola, buscando unas palabras sagradas.El signo de la vida y de la muerte.El límite preciso del espacio y la tierra; del corazón y la mente. El pincipio y el fin. Donde se para el tiempo y la memoria. La absoluta unión del alma con el cuerpo. La verdad última...e imperecedera. Lo perpétuo y eterno ..
-Debes amarla mucho, para intentar tan arduo y peligroso viaje en su búsqueda.- Me preguntó con una
dulce voz
-¿Conoces un fuego sin calor?- Le contesté- ¿Un agua que no sacie la sed?. ¿Una piel que no colme nuestros deseos?.¿Unos labios que no sean el principio y fin de nuestro viaje de la vida?. Eso es Ialia para mí.-Comprendo. Es tu todo...es tu principio...y es tu final..
-Es mi último y postrer latido. El último vestigio de mi corazón...
Y mis palabras cayeron a la tierra, como gotas de agua sobre piedras calientes. Y la noche se hizo más noche, y mi garganta se secó más honda. Y mi pecho respiró más seco.Hablaba y mis palabras, parecían el eco de la voz de otro hombre. Sangraba y mi sangre parecía la herida abierta de otro ser. Lloraba y mis lágrimas saladas parecía el llanto del último hombre sobre la tierra. El hombre Omega. .Me levanté y dejé a mi visitante acercarse al fuego. Me enderezé sobre la tierra y me sentí extranjero de mi mismo. Miré
sin contemplar, el Mar de la Melancolía, que separa las tierras de Wikwall y de Knopts, hablando sin oirme, sin saber si la mujer del cabello rojo me escuchaba, le susurré a la noche y a las estrellas, mi postrer testamento,
-Díles a los otros, a todos los viajeros que halles en tu destino,a aquellos que como conmigo compartas otro fuego. Díles que fui un cometa errante. Una luz que se extinguió, buscando su camino...
Y amaneció otro día oscuro. Sin sol. Y murió ese día. Y tras ese día, todos esperaron que tras la penumbra, alumbrara el sol. Mas llegó ese otro día, negro, sin luz. Y tras de él de nuevo la noche.Y siguió la oscuridad al nacer los días..
Al amanecer del septimo día. del septimo año de mi viaje. llegué hasta una playa. Sobre la espuma del mar, peces de plata buscaban en su orilla irizada de brillo el aire extinguido, y un rayo de luz ambar, se filtró entre las nubes. Un aire sin rumbo, tropeló en una tormenta de furioso viento. Entré en el interior de la tormenta. Algo que todo navegante sabe, es que por extraño que parezca. mientras alrededor de la tormenta, todo es desastre y destrucción, en su centro, en el exacto cenit y eje de su ira, todo es paz y serenidad. Llegué hasta ese centro y me senté exhausto. Y como una plegaria, o como una oración, a un Dios desconocido, rezé por mi amor. Por Ilaia. Y rezé también por todos los caminantes, como yo,errantes de la tierra.
(autor: El viajero de la noche-juan manuel miranda)
Diario del viajero de la noche (26-Febrero 2057)
Anoche tuve un extraño sueño. Creí que era un niño, con mi rostro de niño y mis ojos de niño,grandes como lunas llenas reflejadas en el agua de un pozo. Y mis manos de niño. Y hablaba con el hombre que soy;era mi niñez preguntando al hombre maduro que ya era. Y me llamaba a voces, y lloraba y me gritaba, diciendome: ¿ en que te has convertido...?. ¿Eres lo que ambos queríamos ser?. ¿ Has recorrido largas distancias, preguntado en las esquinas de la tierra por la razón de la vida?...
Me despertó un tronar de nubes de lluvia, y una madrugada de aire gris y un mar del color de las cenizas.
También soñé esta noche, como todas las noches con Ilaia. Como siempre, me reñía por cortar poca leña para calentar el hogar, y me sonreía, a la par que tremolaba su cabello al viento, pues sabía que me gustaba verla bailar con las estrellas, y adormecerse con la brisa pequeña de las mareas.Luego desperté y odié a la vida y deseé soñar todas las horas del día.
Puse a calentar un poco de mi ya escasa reserva de café,un poco de pan, y una fruta tomada de un manzano que crecía al borde del sendero, como si fuera un alimento otorgado por el cielo a los caminantes hambrientos y exhaustos.Mis pies, se abrían en heridas cuando aún no habían sanados las ya sufridas anteriormente.Si mi amor Ilaia, estuviera a mi lado, me frotaría las cicatrices con eucalipto y aceite, y yo acariciaría sus caderas.Hambrientas de llevar una vida dentro.
He visto entre la niebla, barcos extraños surcar la bahía de Machtone; y en los acantilados de Taresfree,encenderse hogueras a un dios que no conozco, pues soy extranjero en esta tierra e ignoro las divinidades aquí adoradas.Las estrellas me parecieron en la noche, el brillar de la luz del mediodía en las pupilas de Ilaia.Esos ojos, los ojos de Ilaia, podían ya ver las estrellas, cuando el hombre aún sólo era un suspiro sobre la tierra. Podían ver en el alma de un hombre, como Laia contempló la mía. Y supe entonces, que la mirada de Ilaia, era el signo de la vida. Y que si no era así, entonces significaba que no había existido jamás sobre la faz de la tierra, algo digno de llamarse con ese nombre: vida.
Me fabriqué con un mando de azada, y un cuchillo oxidado, un arpón de pesca primitivo. En estas aguas desoban salmones y peces para mí extrañamente hermosos y luminosos. Cuando vea a Ilaia, mi amor, tengo que contarle todas las maravillas que he contemplado en mi viaje hasta ella. Esa noche,esa primera noche de amor, tras el deseo satisfecho y llegada la paz a nuestras almas, le contaré mi viaje hasta ella. Esa noche y todas las noches, le contaré la historia sin fin de mi viaje...
(autor: El viajero de la noche-juan manuel miranda)
Me despertó un tronar de nubes de lluvia, y una madrugada de aire gris y un mar del color de las cenizas.
También soñé esta noche, como todas las noches con Ilaia. Como siempre, me reñía por cortar poca leña para calentar el hogar, y me sonreía, a la par que tremolaba su cabello al viento, pues sabía que me gustaba verla bailar con las estrellas, y adormecerse con la brisa pequeña de las mareas.Luego desperté y odié a la vida y deseé soñar todas las horas del día.
Puse a calentar un poco de mi ya escasa reserva de café,un poco de pan, y una fruta tomada de un manzano que crecía al borde del sendero, como si fuera un alimento otorgado por el cielo a los caminantes hambrientos y exhaustos.Mis pies, se abrían en heridas cuando aún no habían sanados las ya sufridas anteriormente.Si mi amor Ilaia, estuviera a mi lado, me frotaría las cicatrices con eucalipto y aceite, y yo acariciaría sus caderas.Hambrientas de llevar una vida dentro.
He visto entre la niebla, barcos extraños surcar la bahía de Machtone; y en los acantilados de Taresfree,encenderse hogueras a un dios que no conozco, pues soy extranjero en esta tierra e ignoro las divinidades aquí adoradas.Las estrellas me parecieron en la noche, el brillar de la luz del mediodía en las pupilas de Ilaia.Esos ojos, los ojos de Ilaia, podían ya ver las estrellas, cuando el hombre aún sólo era un suspiro sobre la tierra. Podían ver en el alma de un hombre, como Laia contempló la mía. Y supe entonces, que la mirada de Ilaia, era el signo de la vida. Y que si no era así, entonces significaba que no había existido jamás sobre la faz de la tierra, algo digno de llamarse con ese nombre: vida.
Me fabriqué con un mando de azada, y un cuchillo oxidado, un arpón de pesca primitivo. En estas aguas desoban salmones y peces para mí extrañamente hermosos y luminosos. Cuando vea a Ilaia, mi amor, tengo que contarle todas las maravillas que he contemplado en mi viaje hasta ella. Esa noche,esa primera noche de amor, tras el deseo satisfecho y llegada la paz a nuestras almas, le contaré mi viaje hasta ella. Esa noche y todas las noches, le contaré la historia sin fin de mi viaje...
(autor: El viajero de la noche-juan manuel miranda)
La rosa tatuada de tu pecho,,,,
Cuatro Bacardys, bien bebidos,
tu voz pastosa y lenta
la calma de la noche,
vomitando un mar
azul sangrante y seco.
Esa curva,ese pecho,
gota a gota escanciado
por tu labio caliente....
Un taxi, 5 euros,
dos escaleras altas,
una mano,
una espalda,
un sofá de skay rojo,
un fundirse callados...
tanto músculo, tanto hueso,
tanto estorbo al estigma,
tanta sábana tersa,
tanto cuerpo buscado...
Una música lenta,
Miles Davis a la trompeta.
Sara Vaughan cantando, "
no me dejes tan pronto...."
Una ducha, ese agua,
caliente como bálsamo,
besando poco a poco tus senos,
tus cabellos,
cuanto diera yo siempre,
por morir
en el día en que el mundo
no supiera
ni el mío.
juntadas
como puños,
pared contra pared,
unos golpes certeros,
la serpiente mojada
ya busca su elemento.
Tanta piel, tanta sangre,
que derroche
de tiempo...
Lascivo el aire tiembla,
de pómulos de oro
dos rodillas cincela,
dos fragmentos partidos.
saber que tras la noche
nodriza, no nacen más lamentos.
La linde lleva vino
y pitillos de pulsos,
y un impulso ciego y blanco,
y diez dedos cosidos.
Yo no sé ya que parte de mi
cuerpo es tu cuerpo,
de unos músculos
tal vez el pliegue torso
esa rosa
tatuada llama a llama
por mis labios
de tus pechos.
Unos labios mojados,
asomados al viento.
¡Qué cansancio tan ancho,
que dulzura tan honda,
que sentirse de otro.
Ignoro los detalles de esta
metamorfósis,fue acaso un descenderse,
un acercar, una boca a otro cielo,
a un gota de acaso
oscuro plomo ardiente
¡Que dolida belleza!
¡Que azulada guillotina
nocturna de las manos!
¡Que perderse en un vientre,
y encarnarse en tu cuerpo...!
Desconozco cuando supe
confundido y cegado
sus mortíferos tonos...
Adelante, adelante,
que luzca luz ardiente,
yo supe de otro cuerpo,
muy adentro,muy adentro,
me supe alimentado.
Recuerdo ya dos copas,
un poster enmarcado,
me fijé en sus colores,
Unos labios pegados,
mordiendo mis palabras,
dos pieles arrancadas
y tiradas al suelo....
Jackson Pollock recuerdo,
temblaba tras tu cuerpo,
te elegí yo este cuadro,
me adentré yo en tu cuerpo.
¿Ya no fumas....?.
No, no fumo....
mi voz se me resiente,
la banda no perdona....
Dos gargantas palpadas,
dos caidas al suelo,
dos infiernos abiertos,
uno rojo, otro negro...
cuanta vida le arranco
esta noche a la muerte...
ya no llora tu niño,
mientras ama su madre...
tanta luz,tanto brillo,
tanta fruta arrancada
al árbol más ardiente.
¿ya te vas?...No me olvides....
ese último rasgo,
una piel, cierto pubis,
unos senos naranjas.
Cien cabezas de soles
tanto negro tesoro
fundiéndose en tus pliegues..
6 euros con cuarenta...
Asomarse a la mar, transitando cansancio.
Este mar, oh que mar,
tan lívido y ondulante,
me saciaran...
Y ese cuerpo tu cuerpo,
acequia tan profunda,
hogar de mi cansancio,
frontera de mis besos....
(Juan Manuel Miranda)
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